Rescatando la gratitud. Psicologos CDMX

Rescatando la gratitud

junio 17, 2020
Durante las últimas horas, me dedique a escuchar un audio libro que encontrarás más abajo: el de Silvia Congost, al principio me dije que era un audio libro más sobre el confinamiento, la COVID-19 y todo esto que estamos pasando.
Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Pensé que me haría conectar con algunos sentimientos, con los cuales podría plasmar algo aquí. Y, efectivamente, conecté y con muchos, me identifique casi con cada uno de los minutos según avanzaba en el libro, el título, convincente: Confinados a solas o en compañía (Congost, 2020).

Escribir sobre sentimientos y emociones, que es lo que comúnmente hago, me llevaría, según mi experiencia, a entrar en el mundo conocido con el que trabajo en el consultorio y en general en mi vida diaria. En cambio, me aventuré en un término que me retumbo fuerte, que en cada espacio de la casa, sonó y resonó: la gratitud.

Según el diccionario, gratitud es un sentimiento de estima y reconocimiento que tiene una persona hacia quien le ha hecho un favor.

Congost encuentra la gratitud como un agradecimiento o reconocimiento, un arma poderosa y beneficiosa del día a día y que genera relaciones satisfactorias y promueve la resiliencia. También dice que hay que tener cuidado con el exceso de gratitud, porque te quedas en un agradecimiento eterno, y aquí justo fue donde me enganché.

¿Cómo está eso de un agradecimiento eterno? De inicio me sonó lindo, comencé a recordar a las personas que han pasado por el consultorio, lo que me pasa en un día común en casa, con mi familia, amigos, vecinos, personas que me voy encontrando. Y me vino una idea a la cabeza, cuando enseñamos a un niño o niña a decir gracias, por lo general lo hacemos dentro de las buenas costumbres, una formalidad, construir a una persona educada, puedo atreverme a decir que algunas veces incluso sin dimensionar el poder que le estamos facilitando a nuestros hijos o hijas.

Agradecer a quien hace algo por nosotros, me parece que nos permite reconocerlo, más que el formalismo tradicional o la cortesía dentro de la sociedad, implica reconocer la importancia de la acción que el otro tuvo conmigo.

Ahora bien, en estos tiempos de pandemia, como nos hemos acostumbrado a decir en los últimos meses de confinamiento, todo va tomando un sentido mucho más armonioso. Según lo veo, es la oportunidad que tengo para abrirme realmente a la experiencia, a probar, a intentar, a confiar.

Agradecer porque está pasando ahora, aquí te tocará incluir el momento de tu vida en el que te tomó esta situación, solo o sola, con tu pareja, tu familia, cerca de las personas que quieres o formando nuevos vínculos.

En el consultorio, algunas ocasiones voy conversando y revisando con las personas, ¿qué hay de las redes de apoyo que tienen?, ¿cómo están formadas?

En estos meses, al menos para mí, esas redes se fueron incrementando por personal de la salud, repartidores, empleados de limpia, personas que salían y siguen saliendo a trabajar cada día a hacer que mi vida y la de muchos otros, que tenemos la oportunidad de quedarnos en casa, funcione; que podamos seguir trabajando detrás de una computadora, cuidando a los hijos, preparando alimentos, esas personas que nos ayudan al enviarnos medicina si nos sentimos mal, atendiéndonos en el hospital si acaso nos contagiamos de COVID-19 o simplemente estamos enfermos de cualquier otra cosa, llevar víveres a casa, enviar regalos, etcétera.

De un momento a otro todos cambiamos, cada cosa de la que teníamos ya conocimiento se modificó, va en evolución y simplemente este período de confinamiento ha cambiado por mínimo que sea, algo en la vida de cada uno, aquí me parece que es un buen momento donde yo puedo vivir la gratitud.

Conforme fue avanzando el confinamiento, que parecía a veces interminable, al principio fue una oportunidad perfecta para hacer esas cosas pendientes, pasar tiempo en casa con los míos, aprender cosas nuevas, no perderme detalles que están sucediendo en mi vida y para mí son importantes. Y de a poco, el encierro parecía transformarse en un arma mortal, estaba irritada, molesta, me sentía vulnerable, harta, incluso enferma.

El estar acompañada de alguien, que incluso puedo ser yo misma, para darme calma y ayudarme a sortear este tiempo es símbolo de gratitud.

Claro que puedo dar gracias sin que signifique demasiado. La experiencia me guiará para adentrarme en un mundo más resiliente, me otorgará el vivirme dentro de mí, aquí y ahora, con más bondad, ir despejando el pesimismo, las ideas irracionales que de repente llegan a mi cabeza.

Estar en gratitud es vivirme dentro de la felicidad, conectar con la sencillez, saber que independientemente de lo que esté sucediendo y del futuro que esto traiga, estaré y estoy agradecida por estar viviendo cerca de las personas que amo. De encontrarme y permitirme vivir y experimentar muchas emociones en estos meses de encierro, no me refiero al físico, sino al encierro emocional, que a veces no me permite ver y valorar los detalles que me va dejando la vida.

Por otro lado, también creo que el no agradecer puede generar alguna clase de resentimiento, no irse haciendo responsable de lo que a cada uno de nosotros nos toca o bien lo que le toca al otro, quien trabajó para estar cerca nuestro o bien cumplir algo que le pedimos.

No te preocupes, no pasa nada, podemos vivir la gratitud como una oportunidad de celebrar lo que la vida, el aquí y el ahora nos han provisto, también como una forma de ir reconociendo, desde nuestra historia, a las otras personas que hacen algo directa o indirectamente por y para nosotros.

Quiero finalizar con una reflexión: la gratitud no solo es ir por la vida diciendo gracias en todo momento, este es un aspecto que va mas allá, es la herramienta que nos va llenando como personas, al sabernos en un constante equilibrio con el entorno. Es un elemento de paz interna, que en esta situación de encierro emocional, me parece importante contactar.

Referencias:

  • Congost, Silvia. (2020) Confinados a solas o en compañía. Guía para (con)vivir en estos tiempos difíciles. Audiolibro.

Psic. Anabel Tapia Ordoñez

Especialista en la Clínica de Atención

Cédula Profesional Lic. en psicología: 10651166

Psicológica Integral, CAPI.

Licenciada en Psicología egresada de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM. Con estudios de Humanismo, especialidad de Enfoque Centrado en la Persona. Certificación en Terapia de Juego Centrado en el niño y la niña, por la UNAM.
Curso estudios en Pruebas Psicométricas y Proyectivas y Formación de Instructores para Talleres Vivenciales de Duelo por la Comunidad Latinoamericana de Resiliencia.
Actualmente, es Especialista en Terapia Infantil, Adolescentes y Adultos en la Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI, mantiene su práctica privada activa y eventualmente participa como Facilitadora para Cursos Terapéuticos y Tallerista para Organizaciones privadas, así como atendiendo los requerimientos terapéuticos derivados de los resultados de la NOM 035.

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