Diferencias entre el enamoramiento y el amor. Psicologos CDMX

Diferencias entre el enamoramiento y el amor

noviembre 2, 2016
Últimamente he escuchado a muchos analistas que se preguntan por qué la pareja están en crisis y por qué cada vez dura menos; y al parecer, las personas se comprometen menos y ante cualquier diferencia, la salida es el rompimiento. Analizando la situación y observando lo que pasa con las parejas en el privado espacio del consultorio, puedo decir que es un tema que tiene muchas aristas y es un fenómeno multicausal.
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Por medio de este artículo quiero hablar de uno de estos factores que menciona el Dr. Rogelio de León Villarreal: la idealización del enamoramiento.

El Dr. de León se refiere a que las parejas en la actualidad quieren que la relación de pareja se mantenga en la etapa de enamoramiento eterno. ¿Y esto a qué se debe? Creo que la mejor manera de explicarlo es marcar las diferencias entre el enamoramiento y el amor.

Empecemos hablando sobre qué es el enamoramiento. Diversos estudios sobre las relaciones de pareja nos dicen que el enamoramiento y el estar enamorado, no es lo mismo sino dos etapas distintas con sensaciones propias y diferentes.

El enamoramiento se da al principio de la relación y tiene una duración de entre 6 meses y 3 años de la relación. Se distingue por un cambio muy marcado en la conducta.

El enamoramiento, comúnmente confundido con el amor, hace referencia a un estado en el que una persona magnifica las cualidades positivas del otro, con la finalidad de dar comienzo a una relación amorosa.

Durante esta etapa, en la que se conocen muy pocos aspectos de la personalidad del otro, solemos esforzarnos por asegurar que hemos encontrado a la persona perfecta, al amor de nuestras vidas, alguien que tiene el deseo y la capacidad de entender, de retribuir el afecto y el cuidado, y de compartir el día a día con nosotros. Dicho esto, es entendible que la alegría y un estado de locura constante suelan ir de la mano del enamoramiento.

Para la bioquímica, se trata de un proceso que se origina en la corteza cerebral y continúa en el sistema endocrino, en donde comenzamos a producir más dopamina (considerada la hormona del enamoramiento y la ternura), que alimenta la fantasía y la imaginación. En esta etapa, la pareja es como una pantalla en blanco donde proyectamos todo lo que queremos ver. Nos sentimos entusiasmados y en nuestro cerebro se bloquea la lógica y la razón. Es cuando creemos haber encontrado a nuestra alma gemela, a nuestra media naranja. Al aumentar la dopamina, con ella aumenta también la testosterona (considerada la hormona masculina, que también es producida por las mujeres) y con ella el deseo sexual. Esta es la razón por la que los primero años de la relación las parejas son más activas sexualmente.

Estos cambios en la bioquímica cerebral, se traducen conductualmente y afectivamente en una felicidad completa y plena; solemos andar todo el día de buen humor y atontados. La pareja nos parece perfecta y la persona más maravillosa del mundo. No existe persona con la que seamos más afines que nuestra pareja y nuestro único interés es amarla y que nos ame de regreso. Podemos estar horas y horas pensando en la otra persona, queremos estar junto a ella el mayor tiempo posible, estamos muy al pendiente de lo que necesita, nos interesa demasiado conocerla más y que nos conozca; así como saber a ciencia cierta lo que la otra persona siente por nosotros. Incluso, podemos llegar a idealizar la relación o a la persona, ya ella es a quien nos gustaría ver como complemento perfecto a nuestras propias necesidades. Aparece una gran atracción sexual y se tienen sentimientos positivos y gratificantes.

Conforme transcurre la relación, poco a poco cada uno se va despojando de las capas que lo cubren para mostrarse tal como en realidad son. Comienza la etapa dos, en donde se define la dirección que tomará la relación.

Bioquímicamente, la dopamina vuelve a sus niveles normales. Cuando los niveles regresan a su producción normal es cuando dejamos de fantasear con los infinitos atributos de nuestra pareja; es cuando nos enfrentamos con la realidad y nos comienzan a irritar cosas como  su personalidad o las cosas que hace y deja de hacer. Incluso, empezamos a odiar aquellos aspectos que en el enamoramiento nos encantaban.

Con el tiempo, toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente. La fase del enamoramiento no dura toda la vida y es entonces cuando comienza la segunda fase que denominamos: amor. Y aquí es cuando todo comienza a tener sentido, porque, ¿quién quiere renunciar a toda esta locura y sensación de completa felicidad?

Algunos podrían sentir que se ha perdido algo maravilloso al terminar el enamoramiento. En cierta parte esto es verdad pero por otro lado, es un hecho que cuando uno está enamorado la incertidumbre del ser correspondido es inmensa, es tan intensa que no podríamos vivir así toda la vida sin volvernos locos. Es por esto que el amor viene a calmar ese sentir con un momento de estabilidad, paz y comodidad. Dejamos de tener una pareja perfecta y comienza a ser un mejor amigo a quien amamos, un testigo de nuestra vida. El estar enamorados es una experiencia única pero el amar a nuestra pareja es una forma de vida, en la que se tiene que trabajar día a día para conservar el respeto, la confianza, el romanticismo, la comunicación y por ende, el amor.

En el momento en el que la locura e intensidad del enamoramiento son remplazadas por un sentimiento de paz, seguridad y comodidad, llamado amor, se da otro cambio químico en el cuerpo. Al disminuir la producción de dopamina, aumentan los niveles de  oxitocina (considerada la hormona del apego) y vasopresina (considerada la hormona de la monogamia). A estas dos hormonas se les considera las “hormonas de la satisfacción” u “hormonas del apapacho”.  A pesar de que hombres y mujeres producen ambas hormonas, la combinación de la oxitocina con las hormonas femeninas tienen un efecto mayor en el amor, lo mismo sucede con la vasopresina y  las hormonas masculinas. Esta es la razón por la que se dice que la hormona del amor en las mujeres es la oxitocina y en el hombre, es la vasopresina.

Esto hace que la conducta de la pareja cambie, las necesidades son otras y sobre todo la pareja, deja de ser el complemento perfecto. Ante esta nueva visión, se requiere de paciencia, de comprensión, de apertura, y deben fortalecerse a diario para poder sobrellevar los malos momentos. Se requiere de tiempo y disposición para conocer a la otra persona, para reconocer y aceptar los defectos del ser amado, ver sus fallas y ayudarle a superarlas. Debemos ser capaces de descubrir los defectos de la pareja, entenderlos y aun así, seguir amándola; porque ahora la fantasía e idealización quedaron atrás para dar paso a la capacidad de ver lo bueno y lo malo de la relación, ser realistas y ver a la relación como una unión completa y perdurable, en donde se comparten intereses y sueños, y en donde hay reciprocidad: compartir, dar y recibir. El verdadero amor no es sólo de uno.

Así que si al morir las mariposas en el estómago, uno siente que de un momento a otro, le salieron defectos a la pareja o que el príncipe azul se convirtió en sapo y la princesa se convirtió en bruja. No hay por qué alarmarse, es un proceso normal, están entrando a la segunda fase: el amor.

Lo que es importante considerar en ese momento, es qué tan dispuestos estamos a aceptar estas diferencias y pensar si en verdad podríamos trabajar en la relación para que funcione.

Me gustaría cerrar con estas dos frases que resumen a la perfección la diferencia entre el enamoramiento y el amor:

  • «Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.» Sam Keem
  • “Enamorarse es amar las coincidencias y amar es enamorarse de las diferencias”. Jorge Bucay

El enamoramiento y el amor tienen cada uno su momento, no los confundan y mucho menos tomen decisiones precipitadas (especialmente durante los dos primeros años de la relación). Si aún no identifican sus diferencias, tómense su tiempo, vívanlo y cuando estén listos para el amor verdadero, ese que se distingue por ser fuerte y perdurable, no lo dejen ir y recíbanlo, aunque implique más esfuerzo.

Psic. Marcela Cervantes Chávez

Lic. en Psicología

Espacialista en individual (adultos), parejas y familias
Enfoque: Humanismo

Cédula Profesional 5163345

Estudió en la Facultad de Psicología de la UNAM, la Maestría en Psicoterapia de pareja y familia en el Instituto de Terapia Familiar CENCALLI, certificación nivel II en Psicoterapia asistida por equinos, avalado por EAGALA, cuenta con Diplomados en: Trastornos de la Alimentación (cursado en Monte Fénix), Enfermedades Psicosomáticas (en Circulo Psicoanalítico), Nutrición Biodirigida y Homeopatía (ambos avalados por la Escuela Latinoamericana de Educación en Salud Integrativa), Psicoterapia con enfoque psicoanalítico en pareja (avalado por APM), especialización en terapia de pareja (IFAC). Cursando actualmente un Diplomado en las diferentes configuraciones familiares en el Instituto de Psicoanálisis de Pareja y Familia.

Tiene experiencia laboral de 16 años como psicoterapeuta. Laboró 5 años en AVALON Centro de atención para la mujer, como psicoterapeuta de cuidado continuo, realizando pláticas a padres de familia y psicoterapia grupal. Posteriormente trabajó en Máxima Perfección, por un año, como psicoterapeuta en el tratamiento multidisciplinario de la obesidad. Y tiene 10 años de experiencia como psicoterapeuta de pareja y familia en el Centro de Atención Psicológica Integral, CAPI

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