Cuidando la salud mental conectándonos desde la distancia. Psicologos CDMX

Cuidando la salud mental conectándonos desde la distancia

septiembre 30, 2020
Somos seres sociales y parte de ser personas, es la facilidad, practicidad y elección de socializar con un grupo de individuos sin importar el tamaño del mismo. Esta socialización genera muchas satisfacciones, contribuye a la expresión emocional, desarrolla habilidades sociales, hace crecer la confianza con nosotros mismos y nos permite compartir con alguien nuestros puntos de vista, por mencionar algunas.
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La exposición constante a contenidos sobre la COVID 19, aumenta los niveles de ansiedad y golpea fuertemente nuestra salud mental. Nos mantiene en un estado de alerta y amenaza constantes, y también influye la manera en la que nos relacionamos con los demás.

Antes de que el uso de la mascarilla fuera parte de nuestro outfit para salir de casa o incluso dentro de ella, si es que tenemos algún malestar respiratorio, el lenguaje no verbal que nos facilitaba una gran sonrisa o un boca fruncida, a veces era suficiente para “decir cosas”, para que nuestros sentimientos hablaran por nosotros. De inicio pensé que lo podíamos reemplazar con un buen movimiento de cejas o una mirada más penetrante, sin embargo, la distancia entre las personas es un factor más a considerar dentro de la pandemia y que ha hecho estragos en establecer y mantener relaciones interpersonales.

La constante amenaza de contagiarnos, a veces nos lleva a aislarnos por completo, perdiendo así, las relaciones que recién se estaban creando, o debilitando las que ya estaban establecidas. Incluso dentro de la familia, donde no todos tienen esta amenaza tan a flor de piel, aunado a la interacción constante de muchas horas a lo largo del día. Desconfiar de los desconocidos nos lleva a preguntarnos, ¿cómo ampliar nuestros círculos de amistad, sociales, laborales, amorosos?, si hay un constante miedo al contagio, y ¿cómo mantener las relaciones que ya están establecidas y fortalecerlas?

Me parece, que lo que está en nuestras manos, es seguir las medidas de seguridad, usar cubre bocas, estar al pendiente a las recomendaciones sanitarias, lo demás, es decir, lo emocional, la salud mental, será un trabajo interno que buscará acomodarse a esta nueva forma de ir viviendo, reconociendo y descubriendo cómo seguir avanzando. Dejar que las emociones por las que nuestro cuerpo pasa habiten algún tiempo, tú eliges si es corto o largo, y después darle entrada a las demás.

Evitar frenarte ante lo desconocido, sino más bien trabajar en la adaptación e irte involucrando cada vez más para convertirlo en parte tuya.

Detenerte y conectar, sobre lo que estás sintiendo, cómo se siente, qué tan intenso lo sientes, qué te dice eso de ti y una vez descubierto, actuar en consecuencia. Es darnos cuenta que estamos frente a una nueva realidad que ninguno de nosotros ha pasado, no es solo como cambiar de empleo, mudarse, ir a la universidad, casarse, tener un hijo o conocer personas nuevas, porque estas cosas ya nos han pasado, o al menos hemos escuchado y compartido con alguien que las haya vivido. Ahora es una realidad con una enfermedad, más el riesgo latente de contagio, completamente nueva, y me parece, que esa incertidumbre, nos deja abierta la experiencia de cómo irlo sorteando. Irse descubriendo en casa con nuevas formas de relacionarnos y comunicarnos con quienes compartimos cada día, o quienes están fuera, y también necesitamos hacer comunidad.

Las herramientas que me parecen que debemos aprender a desarrollar son:

  • Fortalecer nuestras redes de apoyo mediante el uso de la tecnología.
  • Escribir un blog sobre cómo nos va con la pandemia.
  • Contactar con personas que están lejos, incluso antes de que la contingencia llegara.
  • Y expresar cómo hemos estado viviendo el confinamiento.

Respecto al tema del uso de la tecnología, sucede que de repente pudiera costar trabajo, dependiendo de las habilidades de cada persona. Por ejemplo, pienso en que con tantas opciones para hacer un videollamada, algunas veces resulta más enredado, que solo tomar el teléfono y conectarnos con la otra persona.

En mi práctica clínica, adentrarme al mundo de la terapia en línea, donde hay que identificar si los clientes son o no candidatos para tomar sesiones terapéuticas mediando videollamadas, al inicio me resultó complejo, por los elementos no verbales que no identificamos, la conexión, la velocidad del internet, que el pacientes esté en un sitio cómodo para poder hablar de él o ella y sentirse en confianza, distractores externos, etcétera; sin embargo, al ver el compromiso de ambos lados, y justo ver esta adaptación de la que hablo, me deja tranquila porque es parte de cuidarnos todos, de avanzar para romper estas barreras de la lejanía.

Todo este distanciamiento social, ha hecho, y me parece seguirá haciendo, estragos en muchas personas, uno de los sentimientos con los que más me encuentro en mi práctica profesional, es el miedo, que va evolucionando de un miedo paralizante, a un miedo que los impulsa a buscar formas y maneras de seguir avanzando, de atreverse y adentrarse a este mundo tecnológico.

Recuerdo hace varios años, que las compras por internet estaban comenzando, y la duda que a mí me llegaba de repente, era si lo que pagaba iba a ser de mi agrado sin haberlo mirado, sin utilizar mis cinco sentidos para convencerme, evaluar entre varios productos similares y elegir mi mejor opción. Hoy me encuentro comprando en línea como una actividad regular, mucho más confiada, haciendo estas mismas evaluaciones entre varios proveedores. Es parte de esta evolución de relacionarme con la sociedad, me digo.

Entre las personas, creo que nos pasa algo similar, el aislamiento nos hizo al principio más lejanos unos de otros, y conforme ha estado evolucionando la contingencia, hemos encontrado formas de ir sustituyendo actividades regulares. Pláticas y conversaciones con familiares que están en otra cuidad o simplemente en otra casa, reuniones con amigos a distancia, parejas de novios que mantienen su relación a distancia, personas que se enamoran entre videollamadas y publicaciones en redes sociales, incluso familias que se quedaron separadas al iniciar la contingencia y no se pudieron reunir de inmediato.

Como siempre, me parece, que hay que cuidar lo que nuestros niños tienen al alcance, además de las clases en línea o los cursos de verano, acercarse y mantener una comunicación más cercana, generar vínculos, interesarnos como familia y compartir experiencias de nuestro día, que aunque parezca que es igual pues no salimos, si lo pensamos detenidamente y rescatamos nuestras tareas del día, se vuelve una buena charla para la cena.

Para ir cerrando, siento que es importante cuidar nuestras expectativas y lo que nos toque ofrecer a nosotros mismos en esta situación, no la pasarás mejor si te conviertes en el mejor cocinero de la cuadra, si terminas todos los cursos que encuentres en línea, si te vuelves tendencia en redes sociales. Recuerda que cada uno de nosotros lo vamos asimilando a nuestro tiempo, a nuestra forma. Respetar y aceptar el ritmo de cada quien, es fundamental, para una convivencia orgánica.

Es importante también perder el miedo de hablar y contactar con nosotros mismos, para entonces así, poder estar en comunidad con los otros. Ir atendiendo nuestras necesidades, ponernos horarios para nuestras responsabilidades, compartir quehaceres en casa, darse pausas entre actividades, ejercitar nuestras emociones, no rechazarlas, sino darnos oportunidad de irlas experimentando. Perderle el miedo a los abrazos a distancia, de sonreír incluso con mascarilla, dejar que nuestros sentimientos nos vayan acompañando en este confinamiento.

He pensado que esta situación es una oportunidad para reconstruirme, para ir viviendo el aquí y ahora de una manera más sensorial conmigo y que eso me ayude a conectar con el otro, aunque no estemos corporalmente cerca.

Psic. Anabel Tapia Ordoñez

Especialista en la Clínica de Atención

Cédula Profesional Lic. en psicología: 10651166

Psicológica Integral, CAPI.

Licenciada en Psicología egresada de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM. Con estudios de Humanismo, especialidad de Enfoque Centrado en la Persona. Certificación en Terapia de Juego Centrado en el niño y la niña, por la UNAM.
Curso estudios en Pruebas Psicométricas y Proyectivas y Formación de Instructores para Talleres Vivenciales de Duelo por la Comunidad Latinoamericana de Resiliencia.
Actualmente, es Especialista en Terapia Infantil, Adolescentes y Adultos en la Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI, mantiene su práctica privada activa y eventualmente participa como Facilitadora para Cursos Terapéuticos y Tallerista para Organizaciones privadas, así como atendiendo los requerimientos terapéuticos derivados de los resultados de la NOM 035.

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