Paternidad. Psicologos CDMX

Paternidad

julio 20, 2016
Últimamente se habla de paternidad responsable o paternidad afectiva pero, ¿qué es?, ¿qué implican estos términos? Inicialmente son términos que hacen referencia a los hombres y su implicación como padres, pero: ¿qué significa para ellos? ¿Qué implica para un hombre ser padre? ¿Qué implica ser hombre y ser padre? De esta interesante combinación es de lo que hablaré en este artículo.

Tomaré como base algunas referencias: la Real Academia Española (RAE), define paternidad como: Cualidad de padre.

Otras definiciones dicen que padre es el progenitor, quien biológicamente engendró a un hijo y otras referencias más incluyen a quien quiere reconocerlo socialmente, criarlo y cuidarlo.

A través de este artículo, y en cualquiera de esas variantes, te invito a reflexionar acerca de las implicaciones de ser padre, las condiciones que posibilitan su ejercicio y la conjugación con los estereotipos sociales y culturales que dictan el deber ser implícito en el ser padre, junto con todo lo que les ocurre a los hombres y que muchas veces no es verbalizado.

Empezaré por algunas de las responsabilidades paternas. Socioculturalmente hablando, al padre se le mira como proveedor económico, éste es uno de los roles principales impregnados en todo su ser, quiero decir que, pese a la lógica moderna donde ambos (padre y madre) pueden ser los proveedores, existe un genuino sentido de responsabilidad económico,   ancestral y evolutivo que dicta a los hombres este papel y que limita la expresión de sentimientos, necesidades o gustos. Por un lado, este rol se convierte en ocasiones en una exigencia social, de pareja y sobre todo a nivel personal, y resulta contradictoriamente tan valioso y reconocido como tan reprochado y excluyente. Por ejemplo, haciendo alusión al buen desempeño del padre hemos escuchado decir: “Nada me faltó” o “Nada le faltó a mis hijos” y al mismo tiempo se le ha calificado como padre ausente porque está fuera de casa todo el día o porque no convive con sus hijos.

En algunas conversaciones terapéuticas con hombres, ellos hablan del silencioso desgaste de este rol y del rol de padre como sinónimo de autoridad; recuerdan a sus padres, a los padres de sus padres o a ellos mismo como padres y no terminan de explicarse, por qué tienen que ser ellos la autoridad que premia y que castiga: “Ya verás cuando venga tu papá” “Le voy a decir a tu papá que no te compre tal cosa”. Esa autoridad es vista como la que impone normas o como la autoridad que sabe todo.

Esta forma de ver al padre se complica cuando se conjuga con elementos que degradan las relaciones padre-hijo, y que afectan a las relaciones familiares y de pareja; me refiero al padre autoritario o violento, donde al abuso de poder se hace presente. Es aquí cuando algunos hombres se preguntan: “¿Cómo decirle a un hijo que a veces tenemos miedo o que nos sentimos solos, y que no sabemos cómo expresar lo que nos pasa, que no sabemos de lo que ellos están preguntando?”.
Cuando la paternidad es vista como meras responsabilidades rígidas, se limita a los hombres en la facultad de reconocer sus necesidades, de sentir y de la expresión afectiva, del juego y del contacto. Me atrevo a decir que la mayoría, sino es que todos los hombres, lo experimentan. Pocos y cada vez más están compartiendo que ser padres les genera emoción, gusto, miedo, alegría y muchas cosas más, reconocen que les resulta disfrutable el saberse padres desde el embarazo, el nacimiento y crecimiento de sus hijos, que con ese tipo de presencia no solo acompañan a sus hijos sino también se acompañan a sí mismos en su “Ser hombre”. Por lo tanto, también es posible pensar que el amor de padre no es sinónimo de proveer educación (“buenas” escuelas), casa, gustos o lujos; el amor de padre también puede hacer alusión a lo amoroso y divertido, como una forma de crianza respetuosa que no condiciona al amor.

Piensa por un momento si tú como hijo… ¿necesitaste de la presencia afectiva, del juego, del contacto y de la seguridad de tu padre? Tú, hombre, como padre: ¿podrás darte la oportunidad de estar con tu hijo de esa forma? O bien tú, mujer, ¿podrás acompañar al hombre en su ejercicio de ser padre?

Este tipo de preguntas llevan a escenarios hipotéticos: ¿qué pasaría si los padres tuvieran una jornada laboral más corta para hacerse presentes en el crecimiento de los hijos? ¿Qué pasaría si los hombres tuvieran una licencia de paternidad?

El ejercicio de la paternidad puede resignificarse no sólo como otro deber ser de padre, sino como parte de un ejercicio respetuoso y afectivo, pues la paternidad se cultiva y se trabaja además que el contacto con los hijos es favorable para el desarrollo de los propios padres.

Escribo este artículo con mucho respeto para los hombres de la consulta individual, de pareja o familiar, los hombres del medio psicoterapéutico y los hombres con quienes convivo en la vida cotidiana ya que todos desde distintos lugares, me han invitado a pensarlos, a mirarlos desde otra perspectiva en su ejercicio de ser padres.

REFERENCIA

Figueroa, G. ( 2004). “El miedo a la soledad en el ejercicio de la paternidad”. En: Violeta. Revista trimestral. Nuevo León, México.

CAPI. Clínica de Atención Psicológica Integral

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