Mal de amores y medias tintas. Psicologos CDMX

Mal de amores y medias tintas

diciembre 16, 2015
Si de mal de amores hablamos, ¿qué escenarios vienen a la mente?: “¡Mesero!, sírvame otra copa”. Estimado lector, aclaro, no promuevo el consumo del alcohol pero la expresión es inevitable al hablar de mal de amores, ya que se trata de una separación, ruptura o de un amor mal correspondido. En general, una perfecta combinación de desilusión y añoranza por el ser amado.
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Por esta razón, en este tema el enamoramiento juega un papel importante, pues se encarga de mantener la ilusión desde el día uno hasta los cuatro años siguientes, al menos, bioquímicamente hablando. Después de ese tiempo, se experimenta un “regreso a la realidad” en el que se llega a pasar por una etapa de decepción o desilusión.

Si hablar de amor como un término general es escabroso, hablar de mal de amores lo es aún más, ¿por qué? Porque cada quien vive el amor y el desamor de diferente manera.

Sin embargo, desde esas diferencias, el común denominador para “todos” es que nos desilusionamos de todo, y en ese proceso o nos culpamos a nosotros mismos o culpamos al otro. Así, la lógica esperada en el mal de amores es: desilusión-enojo-tristeza-vivir el duelo-superarlo, pero, ¿realmente es así en todos los casos?

Qué pasa cuando uno de los integrantes de la pareja (o ambos) se quedan atrapados en el proceso y se involucran en ciclos de “regresamos–terminamos–regresamos–terminamos”. Es decir, no pueden continuar en la relación porque cada vez que regresan, las peleas, las discusiones y los no acuerdos continúan y en el peor de los casos aumentan, pero tampoco se pueden separar porque cada vez que terminan uno o ambos se buscan, se llaman, se extrañan y comparten recuerdos tan intensos que deciden regresar. Y así continúa el ciclo que va pautando el camino de «la pareja irrompible».

De esta forma, «las parejas irrompibles» ocupan un lugar considerable en cuestión del mal de amores, por esta razón, así como lo hace Márquez (2005) me pregunto con curiosidad: ¿por qué algunas personas, después de haber finalizado su relación de pareja, no pueden separarse definitivamente? Y al mismo tiempo, ¿por qué estas mismas personas, al momento de tener una relación de pareja amorosa formal, no pueden mantenerse unidas totalmente y por lo general terminan en una separación?

Siendo novios, viviendo juntos, casados o en cualquier modalidad de pareja, simplemente no pueden estar juntos y tampoco separados, incluso en parejas casadas que ya se han separado legalmente sigue existiendo una dificultad para separarse como pareja emocional, la pareja ha entrado en un círculo vicioso que se activa a cada paso por sus polos: unión-separación.

Las “parejas irrompibles” como venimos describiendo se “atoran” porque se les dificulta concluir la separación y al mismo tiempo involucrarse por completo con el otro. La pareja se queda atorada porque no puede crecer o avanzar ni en pareja ni a nivel individual, y aunque la pareja sea cronológicamente adulta, pareciera que los comportamientos corresponden a otra etapa: la adolescencia. Como nota aclaratoria, cabe señalar que en la adolescencia se viven reestructuraciones internas y externas relacionadas con procesos de separación–individuación, la formación de la identidad, los procesos de duelo y las relaciones afectivas.

Este vaivén entre los polos de unión y separación, esta confusión entre estar y no estar con alguien como pareja, nos lleva a reflexiones interesantes a nivel personal.

A nivel individual: nos recriminamos por no lograrlo, por haber elegido mal, por echarlo a perder; en otras acusamos al otro por no darnos eso que queremos y necesitamos, por no entendernos y por amarnos a “medias tintas”. Entonces, aparecen ideas como miedo al compromiso o miedo a estar solo, estas características se convierten en una especie de danza emocional que sólo anda en círculos con música interminable.

Esta música interminable tiene que ver con la aparente comodidad que representa la distancia sin ruptura, por ejemplo, según las circunstancias y necesidades personales se tiene pareja o no, es decir, si las formalidades de la familia lo requieren voy acompañado/a de mi pareja a la boda de mi primo, pero si se trata del viaje con mis amigos soy soltero/a sin compromiso. También está la aparente sensación de sentir apoyo, de tener muestras de afecto o el sólo saber que hay alguien especial a quien puedo recurrir cuando lo necesite. Paradójicamente también existe una aparente sensación de autonomía y libertad y de no exclusividad.

Esta danza en círculos con música interminable, literalmente marea, cansa y confunde pues genera una “libertad comprometida” en la que la pareja hace rendición de cuentas a medias cuando no hay vínculo formal, por ejemplo, se puede salir con toda libertad con los amigos, sin embargo, el otro deseará saber quién ese amigo/a con quien se sale todos los fines de semana. De esa manera, a nivel individual surgen temores como: no encontrar otra pareja (como él o ella), quedarse solos, no volverse a sentir importantes, amados o seguros.

Esta modalidad de mal de amores, llama mi atención porque hay una ambivalencia entre el deseo de lo light, desechable y temporal, y el anhelo y la búsqueda del vínculo y el amor eterno; como personas y como sociedad no tenemos piso firme para entrar al juego de los lineamientos postmodernos.

Vale la pena atreverse a hacer otros pasos o cambiar de música. Para ello, vale la pena redefinir a nivel personal qué significa tener, ser y vivir en pareja, resignificar el duelo no sólo de la muerte física sino también de las pérdidas significativas, incluso vale la pena sólo hacer un alto y desatorar el baile; es ahí cuando es importante apoyarse de la Psicoterapia Individual o de Pareja.

Reflexionemos y decidamos:

  1. A) seguir con el baile en círculos con la misma música (mal de amores a medias tintas).
  2. B) Esperar a que el baile en círculos se convierta en un espiral, lo que puede provocar que yo pase a relaciones posteriores con la misma dinámica.
  3. C) Hacer un alto y desatorar el baile, ya sea con otra música y/o con otros pasos.

Si optas por desatorar el baile pide más información y haz una cita.

Referencia bibliográfica

Márquez Otero, Ximena. (2005). Ni contigo ni sin ti. Revista Intercontinental de Psicología y Educación, julio-diciembre, 27-42.

CAPI. Clínica de Atención Psicológica Integral

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