Sin embargo, no todos estos episodios responden a la misma realidad emocional. Y comprender esta diferencia no es un detalle menor: es el punto de partida para intervenir de manera adecuada.
El comportamiento infantil no puede comprenderse únicamente desde lo visible. Aunque distintas expresiones emocionales intensas pueden parecer similares en su forma, no necesariamente lo son en su origen.
En algunos casos, el niño busca modificar una situación externa, por ejemplo, obtener algo o evitar un límite. Pero en otras ocasiones, lo que se observa responde a un estado de saturación emocional, generalmente asociado a un exceso de estímulos, cansancio acumulado, sueño, hambre u otros factores de carácter fisiológico.
Esta diferencia no siempre es evidente, pero resulta central para definir la respuesta del adulto.
Durante la infancia, los procesos de autorregulación se encuentran en desarrollo. Las capacidades para identificar, modular y expresar las emociones de manera organizada no están completamente consolidadas, especialmente en edades tempranas.
Esto implica que existen momentos en los que el niño no logra detenerse, calmarse o responder de forma ajustada, no por falta de intención, sino por limitaciones propias de su etapa de desarrollo.
En estos casos, la conducta deja de ser una respuesta intencional y pasa a ser la manifestación de una experiencia emocional que excede sus recursos.
Como señala el Psiquiatra Daniel J. Siegel: “cuando los niños están emocionalmente desbordados, no pueden acceder a las funciones del cerebro que les permiten razonar y tomar decisiones.”
Una de las dificultades más frecuentes radica en el momento en el que el adulto intenta intervenir. Es habitual recurrir a la explicación, la corrección o el establecimiento de límites en momentos en los que el niño no se encuentra en condiciones de procesar dicha información.
Cuando el nivel de activación emocional es elevado, la capacidad de escucha y respuesta se ve comprometida. En este contexto, determinadas reacciones como pedirle al niño que se calme, regañarlo o ignorarlo, pueden resultar poco efectivas e incluso contribuir a intensificar la desorganización emocional.
Ante un episodio de crisis, puede resultar decisivo que los padres se planteen una pregunta clave: ¿el niño puede regularse por sí mismo o requiere apoyo para hacerlo?
Esta diferencia, aunque sencilla en apariencia, orienta de manera significativa la forma en que el adulto reacciona.
Comprender el comportamiento infantil desde el desarrollo emocional no implica renunciar al establecimiento de límites, sino reconocer el momento en el que el niño puede responder a ellos y cuándo es necesario priorizar la regulación emocional.
Este enfoque favorece intervenciones más pertinentes, reduce la escalada de las crisis y contribuye a fortalecer el vínculo entre el adulto y el niño.
El comportamiento infantil no siempre refleja lo que parece a simple vista.
Ampliar la comprensión sobre lo que ocurre en estos momentos permite no solo ajustar la intervención, sino también favorecer el desarrollo emocional del niño y la calidad de la relación con el adulto.
“No es lo mismo una conducta de oposición, que una dificultad real para regular el estado emocional; y esta distinción cambia por completo la forma de acompañar al niño”
La comprensión de estos procesos representa un primer paso. Sin embargo, en la experiencia cotidiana, muchos padres identifican la necesidad de contar con estrategias más claras para actuar en el momento en que estas situaciones ocurren.
En CAPI hemos creado un espacio formativo sobre este tema tan relevante para el desarrollo infantil, a través de nuestro curso «Infancia y Autocontrol Emocional», diseñado específicamente para brindar a los padres y cuidadores herramientas claras, estructuradas y aplicables, para acompañar estas crisis emocionales de manera consciente y eficiente. Porque detrás de cada conducta hay una experiencia emocional que necesita ser comprendida antes de ser corregida.
El cambio no comienza en el niño, sino en la forma en que el adulto logra comprenderlo y acompañarlo.
Bibliografía:
Egresada de la Licenciatura en Psicología por la Universidad del Valle de Atemajac Campus Guadalajara y la Licenciatura en Psicología de la Salud por la Universidad de Girona en España.
Cuenta con una Maestría en Psicopedagogía por la Universidad de la Rioja con doble título (mexicano y europeo) y la Especialidad en Psicoterapia Gestalt por el Instituto Gestalt de Guadalajara.
Ha realizado diversos cursos y diplomados entre los que destacan el Diplomado en Terapia Familiar y Psicopatología y el curso Problemas de Aprendizaje en la Infancia.
Actualmente se encuentra cursando la Especialidad en Psicología y Psicoterapia Infantil en la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología (AMAPSI). Así como también, colabora en CAPI como Terapeuta Infantil.