Paliativos emocionales. ¿Qué son y para que sirven?. Psicologos CDMX

Paliativos emocionales. ¿Qué son y para que sirven?

agosto 18, 2021
Desde hace algunas semanas, he estado dando vueltas a un término que no estoy segura de que lo esté utilizando de la manera correcta. Pensé en utilizar calmante, analgésico, suposición, asumir; pero ninguna palabra me dejaba lo suficientemente convencida, como lo hace la palabra paliativo. Si nos vamos a la definición de diccionario, parafraseando a la RAE, paliativo es un adjetivo que se refiere a un determinado tratamiento o remedio, cuyo objetivo es minimizar el dolor de un enfermo.
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Quiero mencionar, con temor a equivocarme, que los paliativos emocionales, al menos para mí, son todas estas cosas que nos decimos, nos dicen, escuchamos, nos apropiamos o simplemente andan por ahí extraviadas y las asumimos como veracidad absoluta, ya sea para nosotros o estamos del lado donde las facilitamos al otro. Y entonces, generamos este círculo de no vincular con las necesidades del otro, sino solo cuidar, responder, y atender las mías sin considerar las afectaciones colaterales que esto conlleva.

Me he encontrado con este tema más frecuentemente en el consultorio, sobre todo a raíz de que se ha iniciado la vacunación contra el COVID-19 en México. He pensado que este asumir que las cosas van mejorando para el otro, debido a que yo estoy en un momento donde me siento más cómodo incursionando en la nueva normalidad, se convierte en un paliativo emocional para generarme confianza y tranquilidad de que todo está en buen camino.

Esta aseveración se vuelve parte de la vida de alguien, cuando está lista para asumirla, sin prisas, con la responsabilidad y las consecuencias que trae, reconociendo que cuando yo esté lista, será mi momento, ni antes ni después, no tengo que correr para alcanzar a alguien, ni detenerme para que el otro se convenza de que también es su momento.

Claro está, que entrarle a la nueva normalidad es parte de la vida que vamos a tener a partir de ahora, pues después de la pandemia, las cosas no volverán a ser exactamente igual que antes, con las ausencias, los recuerdos, los malos ratos, el aprendizaje, las experiencias, las herramientas que adquirimos en más de quince meses de contingencia, sin embargo, esta realidad nos llega a cada uno a nuestro tiempo.

Cuando estemos listos para comenzar a salir de nuevo, a socializar, a buscar un poco de lo que teníamos antes, digo que es una especie de paliativo pues genera tranquilidad, al menos para quien está vacunado (por seguir el ejemplo anterior), el resto, estamos aún a la expectativa, algo así como cuando decidimos bajar a nadar a muy temprana hora de la mañana y vamos entrándole al agua de a poco, un pie, la pierna, agua al brazo, hasta que tomamos una bocanada de aire grande y decidimos meter el cuerpo completo a la alberca.

También lo noto, con la pérdida de un familiar, de una persona cercana, algún conocido, no necesariamente a raíz de la pandemia, sino desde antes, intentando ayudar al deudo a superar el proceso de pérdida, diciéndole que todo está bien, que va a pasar pronto, que está en un lugar mejor, sinceramente creo y confío, en que quien lo dice, porque no lo hace con ningún tipo de alevosía, y cuando uno lo recibe, no siempre lo hace de la mejor manera, pues a diferencia del otro, mi momento a veces es a destiempo.

Cuando coincidimos en hablar de los primeros pasos de un hijo, su primera palabra, dejar el pañal, cuando comenzó a mantenerse sentado, pienso que quizá desde esa temprana edad estamos destinados a entrar en competencia, en alcanzar o esperar al otro, en tener que seguir un patrón, una tranquilidad emocional que he escuchado varias veces: “Ya lo hará”, pero mientras hay que intentar esto o aquello, “A mí me paso igual” y entonces hay que hacerlo así o de esta otra manera. De primer momento genera una tranquilidad, a veces aparente, pues, al menos a mí, no me deja de dar vueltas qué es lo que está faltando, qué necesito mejorar para alcanzar cierto estándar esperado, olvidando que ni siquiera tiene que ver conmigo en su totalidad.

Hoy te invito a que estos paliativos emocionales los dejemos de lado, si los recibes, fíltralos, revisa en qué te pueden ayudar, si te generan tranquilidad, calma, paz o de lo contrario están forzándote a avanzar. De verdad no creo que quien los otorgue lo haga con alevosía ni ventaja, sino solo desde una historia de vida diferente a la tuya.

Por el contrario, si te cachas que eres tú quien los facilita, también está la invitación a ser mesurados, saber que tu historia es solo tuya, que como te vas sintiendo con el sentimiento contactado te pertenece solamente a ti, que tu tiempo es tuyo y no debe ser el tiempo para todos.

Recibir consuelo y saber de experiencias de quien ya ha pasado por lo que yo ahora, algunas veces ayuda, pero habrá que ser muy cuidadosos(as) para poner el límite en el tiempo preciso, antes de que te abrume, que te conviertas en el espectador de tu historia. Saber reconocer las expectativas del otro versus las tuyas.

Definitivamente, y los consultantes que me han permitido acompañarlos en el conocimiento de ellos mismos, sabrán que promuevo que cada uno de nosotros se convierta en la persona que va decidiendo el qué, el cómo, el cuándo, y el para qué, de lo que va teniendo y lo que le va llegando.

Que la historia que tengo ahora me corresponde a mí, que a pesar de que quiera ayudar a quien más amo, no podré más que compartirle y acompañarle dentro de la experiencia de conocerse, de respetar su tiempo y su forma de ir resolviendo. Que mi buena voluntad al intentar minimizarle y ayudarle a entender, habla más de mi necesidad por resolver eso con lo que estoy luchando o a lo que le estoy dando vueltas.

Te invito a que tengas un momento pequeño de reflexión, ¿cuántas veces has hecho esto de ser el dador de paliativos emocionales para intentar ayudar a los demás? ¿Cuántas veces te ha tocado recibirlos y cómo te hacen sentir ya que descubres que no todo tiene que ver contigo?

Sembremos y cuidemos el generar límites, el aprender a escucharme, cuando yo misma hablo de mis necesidades a través de lo que le voy diciendo al otro.

Psic. Anabel Tapia Ordoñez

Especialista en la Clínica de Atención

Cédula Profesional Lic. en psicología: 10651166

Psicológica Integral, CAPI.

Licenciada en Psicología egresada de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM. Con estudios de Humanismo, especialidad de Enfoque Centrado en la Persona. Certificación en Terapia de Juego Centrado en el niño y la niña, por la UNAM.
Curso estudios en Pruebas Psicométricas y Proyectivas y Formación de Instructores para Talleres Vivenciales de Duelo por la Comunidad Latinoamericana de Resiliencia.
Actualmente, es Especialista en Terapia Infantil, Adolescentes y Adultos en la Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI, mantiene su práctica privada activa y eventualmente participa como Facilitadora para Cursos Terapéuticos y Tallerista para Organizaciones privadas, así como atendiendo los requerimientos terapéuticos derivados de los resultados de la NOM 035.

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