¿Qué cosas positivas nos ha dejado la contingencia?. Psicologos CDMX

¿Qué cosas positivas nos ha dejado la contingencia?

diciembre 23, 2020
Algunas veces, cuando escucho a un niño o una niña decir "gracias", pienso en el tiempo que los padres de ese niño o niña tomaron para la enseñanza de dicha palabra como un hábito de buena educación o una formalidad que facilita la convivencia con los demás. Sin embargo, me parece que en pocas ocasiones me detengo a reconocer todo lo que contiene esta pequeña declaración.
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Obviamente, podemos estar acostumbrados a agradecer sin que signifique demasiado aunque, en realidad, decirlo no es nunca insignificante. Pero podemos mirar la declaración de agradecer como una oportunidad de celebración de todo lo que la vida nos ha provisto y de reconocimiento a los demás por lo que hacen por nosotros y lo que significan en nuestras vidas.

Detengámonos a pensar unos minutos, a hacer un acto de conciencia y reflexión, de sentir la palabra gracias, de agradecer en verdad. En este contexto, hay un poder casi curativo al decir gracias. Cuando el otro cumple a satisfacción con aquello a que se ha comprometido con nosotros y le agradecemos, con ello no sólo estamos validando tal cumplimiento, estamos también construyendo nuestra relación con dicha persona.

Casi siempre, no hacerlo puede coartar la relación con el otro, sin importar el tipo del que se trate, sea esta sentimental, de amistad o de trabajo, agradecer a quien cumple con nosotros o a quien hace suya nuestras inquietudes o deseos y actúa en consecuencia, nos permite hacernos cargo del otro y dirigirnos a su propia inquietud de ser reconocido en lo que hace y de recibir nuestro aprecio por la atención de que fuimos beneficiados.

Pero no sólo las personas. La vida misma es motivo de gratitud y celebración por todo lo que nos provee. Decirle, por ejemplo, «gracias a la vida» es un acto fundamental de regeneración de sentido, de reconciliación con nuestra existencia, pasado, presente y futuro. Al declarar nuestra gratitud, participamos en la generación de nuestras relaciones con ellos y en la de la propia construcción de nuestra vida.

Ahora bien, con la COVID-19 tocando a la puerta de cada uno de nosotros, me parece importante tomarse otro momento, detenerse a sentir y encontrar la razón, o razones por las que estoy lista y dispuesta a dar gracias. Puede ser que ayudarte de las siguientes preguntas te pueda facilitar la conexión con el agradecimiento al que me refiero.

Respóndete:

  1. ¿Qué me ha dejado el tiempo de cuarentena?
  2. ¿Qué he aprendido en este tiempo y que puedo validar como una cualidad qué no sabía que tenía?
  3. ¿Cómo he cuidado de mí y de las personas cercanas a mí, para estar en congruencia con mi forma de pensar, sentir y actuar?
  4. ¿Qué he descubierto sobre mi forma de adaptarme a nuevas situaciones?

Evidentemente la lista puede continuar y ser tan larga como desees, sin embargo, me da la impresión que mientras más larga sea, se irá perdiendo el sentido a reflexionar y detenerse a sentir el agradecimiento por cada momento vivido hasta ahora y se convertirá en un cuestionario para ser respondido en absoluto, esperando un mágico estadio de gratitud.

El estar atendiendo mis sentimientos, trabajando con mis emociones y reconocer las sensaciones que tengo en cada oportunidad, es para mí la forma en la que me agradezco estar viva y ser congruente conmigo misma, validarme, quererme, no quitarme el ojo de encima a pesar de lo que pasa a mi alrededor.

Puede ser que otro ejercicio a estas alturas sea comenzar a describir la escena que me parezca más gratificante, donde en realidad, durante estos meses que la COVID-19 llegó a mis oídos, haya dado las gracias, pero esta vez a alguien más, a otra persona o personas por algo que hicieron o me acompañaron a hacer. Descubrir cómo se vive ahora a la distancia.

Agradecer por tener trabajo, salud, familia, incluso por los que no están ahora con nosotros, es poder darle la oportunidad a cada cosa y a cada momento el espacio para ser reconocidas, es decir, colocarlas en algún sitio de nuestra historia.

Tomarte estos minutos de lectura para descubrir si como cuando niño o niña, el dar las gracias lo has hecho de manera consciente o como mero formalismo, qué te ha dejado como aprendizaje todo esto de la contingencia, las noticias alrededor de la pandemia, las historias que están cerca de nosotros o incluso de las que hemos sido partícipes.

Me gustaría ir terminando y reconociendo la fuerza que he tenido todos estos meses de encierro, donde lo he elegido por mi salud, la de mi familia y de la comunidad en la que vivo. Es verdad que muchos días me levanto agotada, con ganas de salir corriendo y regresar a la vida que tenía antes, y me detengo a reconsiderar mi petición y reflexiono.

Si la COVID-19 no hubiera llegado justo en el momento de mi vida que apareció, no habría tenido la dicha de disfrutar a la familia que elegí tan intensamente, tan a fondo, tan de cerca, tan participativa. No me habría dado la oportunidad de reconocerme y encontrar formas de trabajar que no habría pensado antes, de volverme una mujer negociadora, una hija aceptante, una compañera que reconoce el trabajo y el esfuerzo del otro.

Es cierto también, que no me habría visto en la necesidad de llorar ausencias, y al mismo tiempo darme cuenta que, incluso este acto de dolor, de desesperación, de angustia, de incertidumbre que lleva una pérdida, es una experiencia más que me tocaba vivir, porque me puedo dar el tiempo de disfrutar el dolor, la tristeza, la sensación de abandono e irlo acomodando en un lugar especial, junto al resto de mis historias de vida, donde puedo darme la oportunidad de descubrirme en una faceta nueva.

Por todo esto, podría estar lista para asegurar que agradecer en medio de una contingencia me dará una visión objetiva de quién y hasta donde puedo llegar, de cómo lidiar con las consecuencias de mis actos; como éstas también afectan a las otras personas, incluso a las que tanto amo. Que de vez en cuando, me hace bien detenerme, escucharme, atenderme, y con esto también participo con los que tengo cerca, pues me colocan en una posición mucho más afectiva, más centrada en cumplir mis necesidades y darme las gracias por estar conmigo.

Ser resiliente y agradecer por lo que cada uno de nosotros tiene, nos hará tomar conciencia de quién soy y cómo elijo vivir hoy.

Psic. Anabel Tapia Ordoñez

Especialista en la Clínica de Atención

Cédula Profesional Lic. en psicología: 10651166

Psicológica Integral, CAPI.

Licenciada en Psicología egresada de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM. Con estudios de Humanismo, especialidad de Enfoque Centrado en la Persona. Certificación en Terapia de Juego Centrado en el niño y la niña, por la UNAM.
Curso estudios en Pruebas Psicométricas y Proyectivas y Formación de Instructores para Talleres Vivenciales de Duelo por la Comunidad Latinoamericana de Resiliencia.
Actualmente, es Especialista en Terapia Infantil, Adolescentes y Adultos en la Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI, mantiene su práctica privada activa y eventualmente participa como Facilitadora para Cursos Terapéuticos y Tallerista para Organizaciones privadas, así como atendiendo los requerimientos terapéuticos derivados de los resultados de la NOM 035.

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