«El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de vida».
Viktor Frankl
Los jóvenes que solían ser el segundo grupo más feliz, son los únicos que han caído. Los más afectados son los adolescentes y los adultos jóvenes, desde los 12 hasta los 24 años. El estudio se basa en encuestas a millones de personas, recogidas en más de 40 países. Y aunque siempre conviene ser prudentes con las conclusiones de las encuestas, la tendencia es difícil de cuestionar.
La crisis vital se apodera de los jóvenes en una etapa que debería ser de entusiasmo, motivación y expectativas sobre la vida. Es una realidad que ahora son más conscientes de su salud mental, tienen unas perspectivas del futuro y con una situación económica que hace cada vez más difícil consolidar un proyecto de vida.
En este sentido, en el informe de PLOS One la infelicidad juvenil empezó a crecer claramente desde 2012. ¿Qué ocurrió en ese momento cuyo impacto tuvo un efecto global que no se ha detenido hasta el día de hoy?
La primera hipótesis vincula esta crisis de los 20 con la llegada de las redes sociales y los smartphones. El sociólogo Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa (Deusto, 2024), explica que existen demasiados estudios, de muy distintos tipos, como para negar una relación causal entre estas tecnologías y el deterioro de la salud mental de los jóvenes. “Las redes sociales son una causa sustancial”.
Lo que plantea Haidt es que el problema no es solo la ansiedad o el aislamiento que puedan causar Instagram o TikTok, sino que lo verdaderamente grave es que estas plataformas han reconfigurado por completo la forma en que los jóvenes socializan. Por eso, advierte, si un adolescente decidiera abandonar las redes para protegerse, su salud mental podría quedar todavía más debilitada al quedar excluido de la vida social de su grupo.
En ese sentido es importante recordar que el término ansiedad proviene del latín “anxietas”, que refiere un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo, y supone una de las sensaciones más frecuentes del ser humano, siendo esta una emoción complicada y displacentera que se manifiesta mediante una tensión emocional acompañada de un correlato somático (Ayuso, 1988; Bulbena, 1986).
En general, el término ansiedad alude a la combinación de distintas manifestaciones físicas y mentales que no son atribuibles a peligros reales, sino que se manifiestan ya sea en forma de crisis o bien como un estado persistente y difuso.
La característica más llamativa de la ansiedad es su carácter anticipatorio, es decir, posee la capacidad de prever o señalar el peligro o amenaza para el propio individuo, confiriéndole un valor funcional importante (Sandín y Chorot, 1995); además, tiene una función activadora y facilitadora de la capacidad de respuesta del individuo, concibiéndose como un mecanismo biológico adaptativo de protección y preservación ante posibles daños presentes en el individuo desde su infancia (Miguel Tobal, 1996).
Para hacer un tratamiento a tales síntomas es necesario acudir con un especialista de la salud mental, quien apoya con técnicas específicas para atender los síntomas, disminuir la frecuencia y en algún momento, erradicar los síntomas mencionados, sin embargo, para que el especialista pueda llevar a cabo tales técnicas, el paciente tiene que estar en la mejor disposición; entendemos que puede ser un proceso retador y confrontante, no obstante, los síntomas se pueden agravar y generar grandes retos en el día a día.
Por lo tanto, en CAPI (Clínica de Atención Psicológica Integral) te ofrecemos un espacio de seguridad, confianza, respeto, armonía y aceptación, para que lleves tu proceso de la mejor manera.
Referencias: