Desde la psicología del desarrollo y las neurociencias sabemos que los momentos de aparente inactividad cumplen funciones importantes en el desarrollo infantil. Lejos de ser una pérdida de tiempo, el aburrimiento puede favorecer la creatividad, la autorregulación emocional, la tolerancia a la frustración, la resolución de problemas y la autonomía; funciones ejecutivas indispensables para la vida. Permitir que los niños y niñas experimenten estos momentos dentro de un entorno seguro puede convertirse en una valiosa herramienta para su bienestar emocional.
Es importante hacer una distinción. Permitir que un niño se aburra no significa ignorarlo, desatender sus necesidades o dejarlo solo durante largos periodos. Se trata de ofrecerle espacios en los que no exista una actividad dirigida por un adulto ni un estímulo inmediato que ocupe toda su atención. Porque es en estos momentos cuando aparece dentro del cerebro de nuestros pequeños una pregunta muy valiosa para su desarrollo: «¿Y ahora qué puedo hacer?”.
Aunque inicialmente esta sensación puede generar incomodidad, es precisamente esa incomodidad la que impulsa al niño o la niña a buscar alternativas, imaginar, explorar, crear y poner en marcha sus propios recursos internos.
Diversos investigadores han señalado que el aburrimiento puede actuar como un detonante para el pensamiento creativo. Cuando el cerebro deja de recibir estímulos constantes, comienza a generar ideas, asociaciones y nuevas formas de jugar o resolver situaciones (Krannich et al., 2025).
Por ejemplo, un niño o niña que piensa “me aburro” puede terminar construyendo una ciudad con cajas de cartón, inventando personajes, creando historias o diseñando nuevas reglas para un juego. Ninguna de estas actividades fue propuesta por un adulto; nacieron de su propia iniciativa.
Desde la perspectiva del desarrollo infantil, el juego libre constituye uno de los principales escenarios donde florecen la imaginación, la flexibilidad cognitiva y el pensamiento divergente, habilidades estrechamente relacionadas con la creatividad.
Cuando sentimos una emoción desagradable, nuestro primer impulso es tratar de eliminarla; sin embargo, cuando nos permitimos sentirla, aprendemos más de nosotros mismos y de la vida.
Cuando un niño o niña expresa aburrimiento, muchos adultos responden ofreciendo una pantalla, un juguete nuevo o proponiendo una actividad de inmediato. Aunque esta respuesta suele partir del cariño, también puede transmitir un mensaje implícito: cada vez que aparezca una emoción incómoda, alguien más debe resolverla. En cambio, cuando el adulto acompaña sin resolver inmediatamente la situación, el niño o la niña tiene la oportunidad de descubrir que esa sensación es temporal y que posee recursos para afrontarla.
Esta experiencia fortalece la tolerancia a la frustración, entendida como la capacidad para soportar el malestar sin reaccionar impulsivamente ni abandonar una situación ante la primera dificultad. La tolerancia a la frustración es un componente importante del desarrollo socioemocional y se relaciona con una mejor adaptación, relaciones interpersonales más saludables y mayor bienestar psicológico.
La autorregulación es la capacidad de reconocer, comprender y manejar los propios pensamientos, emociones y conductas de acuerdo con las demandas del contexto. Los niños y niñas no nacen con esta habilidad desarrollada; la construyen poco a poco mediante experiencias cotidianas.
Cuando un niño o niña se enfrenta al aburrimiento, debe aprender a manejar emociones como la impaciencia, la inquietud o la insatisfacción. Posteriormente, necesita decidir qué hacer con ese tiempo, organizar una actividad, mantener la atención y evaluar si aquello que eligió le resulta satisfactorio. En otras palabras, está practicando funciones ejecutivas fundamentales como la planificación, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones.
Permitir que un niño o niña se aburra es darle la oportunidad de crear un juego libre, donde tome sus propias decisiones, resuelva pequeños problemas cotidianos, explore sus propios intereses y aprenda a confiar en sus capacidades. La autonomía no surge únicamente enseñando responsabilidades; también se construye ofreciendo oportunidades para ejercerla.
Escuchar esta frase puede generar la sensación de que debemos intervenir de inmediato; sin embargo, no siempre es necesario. En lugar de eso, podemos responder con preguntas que estimulen la reflexión: ¿Qué ideas se te ocurren? ¿Qué te gustaría inventar? ¿Qué materiales tienes disponibles? ¿Recuerdas algún juego que disfrutes?
Este tipo de preguntas promueven el pensamiento autónomo y comunican confianza en la capacidad del niño o la niña para encontrar alternativas.
Permitir el aburrimiento no significa eliminar todas las actividades estructuradas. Los niños y niñas también necesitan rutinas, convivencia familiar, deporte, lectura, actividades artísticas y momentos de acompañamiento adulto. La diferencia está en no llenar cada minuto del día con estímulos externos. El desarrollo saludable ocurre cuando existe un equilibrio entre actividades dirigidas y espacios de juego libre, exploración espontánea y descanso mental.
Cada niño y niña es único y no existe una sola forma de acompañar su desarrollo. Si tienes dudas sobre cómo favorecer su autorregulación, establecer límites, manejar conductas que te preocupan o fortalecer su bienestar emocional, en CAPI contamos con el Programa de Asesoría para Padres, un espacio diseñado para brindar herramientas prácticas y acompañamiento personalizado a madres, padres y cuidadores, con el objetivo de fortalecer sus habilidades de crianza y responder de manera respetuosa y efectiva a las necesidades de los pequeños.
Referencias:
Psicóloga Clínica egresada con Mención Honorífica de la Universidad Nacional Autónoma de México en 2011. Cuenta con más de 14 años de experiencia en la Atención Psicológica a niños y adultos, teniendo como principal objetivo que recuperen su bienestar emocional y trabajando desde un Enfoque Humanista.
Cuenta con certificaciones de formación especializada que le permiten crear un plan de acción para ayudarte a volver a poner en marcha tu salud mental desde la primera sesión, como:
Maestría en Psicoterapia Humanista por el Instituto Universitario Carl Rogers, 2023
Diplomado en Psicología y Psicoterapia Infantil por la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología – AMAPSI, 2020
Actualmente colabora en CAPI como Psicoterapeuta Individual para adultos, Psicodiagnóstico y en el Programa de Asesoría para Padres de Familia (PAP).