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¿Cómo identificar e incrementar la autoestima en los niños?


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La seguridad en uno mismo no es una cualidad innata que poseen algunas personas. Es una consecuencia del nivel de autoestima conseguido. ¿De qué factores depende la autoestima en un niño? ¿Cómo podemos los adultos incrementar el nivel de autoestima de nuestros pequeños?

La seguridad en uno mismo es fruto del convencimiento de que se tiene la capacidad suficiente para tratar algunas situaciones con éxito y que se puede ofrecer algo valioso a los demás. Esta seguridad es consecuencia de la autoestima. Es lo que cada persona siente hacia sí misma, la medida en que le gusta su propia persona.

Tener autoestima significa saber que eres valioso y digno de ser amado. Valioso porque eres capaz de resolver algunas situaciones con éxito y, por lo tanto, puedes estar a la altura de los demás y ser digno de ser amado porque eres una persona y tienes derecho a ser amada de manera incondicional, dicho de otro modo, sabes que tienes personas a tu alrededor a las que realmente les importas.

Se trata de que el niño se sienta valioso y querido, como es, de hecho, el objetivo de que tenga cualidades o habilidades sobresalientes, o de que haya personas que le quieran. Quizás el aspecto más importante de la conceptualización de la autoestima está en la aceptación y la calidad del trato que se recibe. Es decir, el valor y la aceptación de los otros, que conforman el entorno del niño. Según le quieren y la calidad del trato que le dan los otros, así se “pone precio”.
La experiencia de éxito y fracaso le permite al niño crearse una autoimagen más positiva o más negativa. Las experiencias afectivas le permiten crearse una autoimagen más o menos objetiva que depende fundamentalmente de dónde se le ponga el listón de exigencias, de la aceptación en su entorno y de si se siente capacitado y apoyado para llegar a sus metas.

“Cada niño se valora tal como ha sido valorado”, es posible que un niño con suficientes habilidades y con unos padres que le quieren, perciba estas realidades y se sienta seguro y digno de ser amado. Se puede decir que cada reacción de los demás añade o quita algo de lo que el niño siente sobre su valía. Y puestos a valorar, es necesario saber que las reacciones de las personas que rodean al niño son más importantes que la posesión o ausencia de cualquier habilidad o defecto concreto. La autoestima se construye a partir de las propias comparaciones con los demás y de acuerdo con las reacciones de los demás hacia él.

La imagen de sí mismo, que empieza a construirse durante la infancia, y el grado de complacencia que le produce esta imagen son dos realidades que se irán modificando a lo largo de toda la vida en función de las nuevas experiencias, de la propia conciencia y de las nuevas reacciones que tengan los demás.

Las reacciones de las personas que son más importantes para el niño desde un punto de vista afectivo (padres, familiares, profesores o amigos), son las que producen más impacto en su autoestima. Estas personas actúan como espejos, en los cuales, el niño ve reflejada la imagen de sí mismo y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona. Es como si la imagen que ve reflejada apareciera distorsionada por los sentimientos y expectativas de la persona-espejo. Si los sentimientos son positivos, el niño recibirá un reflejo que le gustará, con el que se sentirá bien y que ayudará a aumentar su autoestima. Si los sentimientos son negativos, el reflejo que verá será feo, sin valor y no merecedor de cariño. Ese reflejo le causará dolor, rabia y provocará el rechazo a su propia persona y el descenso de su autoestima.

Por eso, son las personas afectivamente más cercanas al niño, las que más pueden influir y potenciar el crecimiento de la autoestima. Es muy importante tener en cuenta que la percepción que tienen los niños de las reacciones de los adultos no se alimenta exclusivamente de las palabras que dicen. Los niños se dan cuenta de todo y valoran las actitudes que acompañan a las palabras: la atención sincera, la honestidad de los sentimientos y la verdad que esconden.

La autoestima es “el amor que siente cada uno por sí mismo”, el tener una autoestima saludable para el niño depende de cómo se transmita el amor de una forma incondicional, y que realice lo que él necesita para su propio desarrollo y que no adquiera las expectativas que son generadas por sus padres; de esta forma el afecto se puede reforzar en el niño a través de los besos, abrazos y las acciones que sean proyectadas por su cuidadores o padres. Algo importante, es que, a través de los elogios, se resaltarán las características buenas del niño, y que es de suma importancia que el adulto no realice comparaciones con nadie hacia el niño, así como respetarlo tal y como es. También es importante ponerles límites para que se comporten adecuadamente, al igual que informarles que nos preocupamos por ellos; los niños soy tan inteligentes que lo percibirán inmediatamente. La sobreprotección hace que el niño no pueda valerse por sí mismo, provoca que no se sienta seguro; poder reforzar la confianza y la seguridad, es un pilar fundamental en los niños para sentirse seguro en casa y a salvo de cualquier peligro. De igual forma, conocer sus habilidades y sus puntos débiles, nos permitirá hacerles ver sus defectos, y que se hagan visibles, para poder reforzar sus fortalezas y debilidades, lo que hará que el niño no se sienta rechazado por los demás. La honestidad es importante dentro del desarrollo de los pequeños para una autoestima saludable que será de suma importancia en su vida y que pueda relacionarse de una forma satisfactoria.

Psic. Evelyn Hernández Alvarado.

Terapeuta Familiar

Especialista en terapia individual (adultos), parejas y familias
Enfoque: Sistémico

N° de cédula: 9162131

Realizó sus estudios de Psicología en la Facultad de Estudios Superiores campus Iztacala (FES-I) en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Posteriormente realizó un diplomado de Psicoterapia Sistémica en Familias en FES-i UNAM. Su experiencia abarca los niveles de la psicoterapia clínica individual en DIF Subsistema Angélica Aragón, atendiendo principalmente terapia individual, pareja y familia, así como procesos de duelo y acompañamiento tanatológico. A la par, y actualmente, como docente nivel licenciatura en el Instituto Mexicano de Certificación impartiendo seminarios de tanatología y materias a fines a la carrera de psicología. Participa activamente en asociación civil “Miocardio” de personas cardiópatas, impartiendo pláticas sobre temas de interés del grupo. Actualmente trabaja como psicoterapeuta en la Clínica de Atención Psicológica Integral (CAPI) como especialista en terapia individual y de familia.

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