¿Estoy en una relación toxica?


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En los últimos años se ha escrito mucho sobre las personas tóxicas, sus características y su psicología. Y en cómo afectan o “intoxican” el ambiente en donde se desenvuelven, en la familia, en el trabajo, con los amigos, etc.

Si este tipo de personas afectan todo, ¿cuáles son las características de las relaciones que establecen?

Partamos del concepto de que las personas tóxicas son aquellas que desgastan, intimidan, cosifican a las personas, culpabilizan al otro de todo lo malo e infeliz que son, negando su responsabilidad de dichas situaciones. Poseen una habilidad especial para crear conflictos a su alrededor, habitualmente involucran a diversas personas, con el afán de sentir que poseen cierto poder, ya que pueden adoptar dos roles:

  • Víctima de la situación, lo cual es propio de personas inmaduras o con falta de atención a nivel afectivo desde temprana edad e inseguros. Quienes adoptan este papel son personalidades que nunca “están en su sitio”, que siempre se sienten maltratados y poco valorados por los otros, lo cual derivará necesariamente en su inadaptación ya sea a nivel de pareja, familiar o laboral.
  •  Victimario: son aquellos que se sienten dueños de la situación, satisfechos por el mero hecho de haber causado un conflicto. Suelen ser individuos sobreprotegidos o que fueron sobreprotegidos en su infancia, acostumbrados a tenerlo todo cuándo y cómo lo quieren. Muy vitales, suelen tener una agresividad verbal mal contenida.

Otra característica es que también es estratega ya que con los desconocidos es amable y encantador, mientras que con los conocidos se muestra provocador, propenso al enfado, irónico,  siempre que no se sigan las normas que la persona “tóxica” pretende imponer a su entorno. Nos podemos preguntar los motivos que llevan a alguien a comportarse de esta manera y nos encontraremos que, casi siempre, son el miedo, los sentimientos de culpabilidad y la baja autoestima, hasta tal punto de que el afectado se vea obligado a requerir de ayuda profesional para resolverlo.

Con dichas características podemos decir que las relaciones que establecen este tipo de personas van a ser en donde las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan en felicidad y placer por estar juntos.

También observamos:

Que son relaciones que pasan del bienestar al malestar en pocos segundos porque uno de los miembros de la pareja crea un ambiente amenazante para el otro que, siempre, termina mal: en culpa, tristeza, enojo.

Existe un doble mensaje en donde uno de los miembros de la pareja nunca sabe si la pareja realmente lo quiere o no. Está inseguro al respecto y su autoestima comienza a caer porque se siente culpable de algo que no sabe de dónde viene o que es lo que genera y además es una sensación que esta todo el tiempo. Excepto de cuando la persona tóxica no está, ya que cuando no está el otro miembro de la pareja se siente liberado, contento. Sin embargo cuando se da cuenta del cómo se siente sin la pareja se siente culpable y anhela estar con la persona tóxica, incluso comienza a tratar de convencerse de lo bien que se la pasa con ella como respuesta defensiva a dicha culpa.

Se siente un clima de agobio, de manipulación, de sufrimiento y de descalificación la mayor parte del tiempo, generando un cansancio y una apatía, que se puede manifestar con el poco deseo de volver a casa y envidia de otras relaciones no tóxica. La sensación se puede describir como si arriba de la relación siempre existiera una “nube negra” que genera todo el tiempo mal clima.

Con el paso del tiempo las peleas constantes se convierten en indiferencia absoluta; situación que desespera y genera más violencia que ya no solo viene de la persona tóxica, sino también de la otra persona. También se pueden sufrir malestares emocionales y hasta físicos. El cuerpo somatiza todas las preocupaciones y tensiones por las que se pasa, ya que no se puede dejar la relación.

Hay una oposición encubierta o descaradamente abierta hacia la posibilidad de crecimiento personal.

Si se intenta estudiar algo nuevo, si surge un interés por una nueva actividad o por conocer gente diferente, automáticamente la persona tóxica intenta o logra boicotear tu iniciativa.

Y por supuesto no pueden faltar los celos, celos en su máxima potencia. Celos agresivos. Incluso se llega a insultos, y la persona tóxica culpa a su pareja de que ella es la que provoca y agrede de este modo, con la finalidad de generar la culpa y así controlar a la pareja. Muchas veces y con el paso del tiempo ambos miembros de la pareja llegan a responder del mismo modo, cayendo en una espiral viciosa de pareja celosa y patológica siempre al borde de la agresión activa.

Se utilizan mecanismos como los sentimientos de culpabilidad y la ironía para manipular al otro lo cual produce una disminución de la autoestima y problemas de decisión. Por ello, suele ser tan difícil acabar con una relación de pareja “tóxica” ya que el miembro víctima puede llegar a diluirse en su personalidad y no reconocerse frente al supuesto poder del miembro victimario.

¿Quién es susceptible de estar en una relación tóxica?

Las personas con baja autoestima y un alto nivel de dependencia suelen caer en estas relaciones. Una pareja tóxica es muy parecida a cualquier otra droga. El efecto de bienestar y placer es corto y los periodos de ansiedad y malestar son frecuentes y largos.

Las personas con este tipo de psicología autodestructiva creen que necesitan otra persona que los complemente, puesto que sienten que solos son insuficientes. Buscan otra persona que los calme, los tranquilice y les dé ese estado de seguridad y bienestar. Suelen caer en parejas formadas con otro tipo de personalidades, las parejas parásito o las parejas vampiro, que se alimentan del otro para sobrevivir, psicológicamente hablando.

Es, para hablar metafóricamente, como si creyéramos que necesitamos un suplemento vitamínico para vivir y nos vendieran una sanguijuela.

¿Por qué no nos damos cuenta de que estamos en una relación de pareja tóxica?

Habitualmente, la víctima  cree que podrá cambiar al victimario aunque este le haya contado acerca de sus anteriores relaciones “tóxicas”. Al mismo tiempo, la víctima posee una baja autoestima ya antes de empezar la relación, con lo cual, piensa que nadie le va querer o aceptar cómo es. Además, la víctima está necesitada de muestras de cariño, procedentes de etapas muy anteriores de su vida y está dispuesto a cambiar el cariño por otras demostraciones de afecto, sexo, regalos.

Otro aspecto importante es el miedo a la soledad, al abandono o al rechazo, especialmente de la víctima, pero  también del victimario.

Uno de los miembros puede tener la necesidad de cumplir un rol social que, quizás le corresponde en otras facetas de su vida, por ejemplo; casarse, tener una casa con jardín, un coche y un ascenso en el trabajo. Sin embargo, puede que el otro miembro siga anclado en su Síndrome de Peter Pan y Complejo de Wendy. Cuando se quieren cosas distintas y se tienen distintas prioridades, se puede intentar enmascarar la realidad y mantener las apariencias pero el precio que se deberá pagar es, probablemente, que la  relación se “toxificará”.

Cómo salir de una relación tóxica

Las parejas tóxicas pueden durar muchísimo tiempo. Se enquistan y continúan, pero esto no significa que se estén llevando mejor o que disfruten de su relación, simplemente se retroalimentan y se hacen codependientes… en el sufrimiento.

Para salir de una relación de este tipo hay que, primero, tomar conciencia de que se está en una relación tóxica. Por muy evidente que resulte a los que lo ven desde afuera, los integrantes de la pareja tóxica están en una relación enferma y viciada, por lo que no saben tomar perspectiva.

Una vez que se ha dado cuenta de que se está en una relación destructiva y hace daño, lo mejor es comenzar a hablar con la pareja y, juntos, acudir a terapia de pareja. No va a ser fácil que la persona tóxica acepte, pero con paciencia y exponiendo el tema varias veces se puede lograr.

Las parejas tóxicas pueden avanzar y solucionar sus problemas sin separarse, si hacen verdaderos cambios. Y si, debajo de toda esa toxicidad hay amor verdadero, la pareja puede sanar con un esfuerzo por parte de los dos.

 

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Psic. Marcela Cervantes Chávez

Psicoterapeuta de CAPI

Estudió en la Facultad de Psicología de la UNAM. Es pasante de Maestría en Psicoterapia de pareja y familia, en Instituto de Terapia Familiar, CENCALLI. Cuenta con diplomado en Trastornos de la Alimentación cursado en Monte Fénix y una Certificación nivel II en Psicoterapia asistida por equinos, avalado por EAGALA. Cursó un Diplomado en Enfermedades Psicosomáticas, en el Circulo Psicoanalítico, así como un Diplomado en Nutrición Biodirigida y otro en Homeopatía, ambos avalados por la Escuela Latinoamericana de Educación en Salud Integrativa.
Tiene experiencia laboral por más de 11 años como psicoterapeuta. Es psicoterapeuta de pareja y familia desde hace más de 5 años en el Centro de Atención Psicológica Integral, CAPI.

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