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Espacios individuales y autonomía en la pareja


espacios individuales

Vamos a partir del supuesto que la relación de pareja en cualquiera de sus modalidades (hombre-mujer, hombre –hombre, mujer- mujer) pasa por una etapa de enamoramiento, misma que difiere del deseo y del amor.

Todos, espero sea así, alguna vez por lo menos, hemos estado enamorados, en consecuencia, podemos recordar lo intenso, contradictorio y estrepitoso que es. Los miembros de la pareja se sienten únicos y es único el vínculo que los une, por lo que esta fase “implica un trastrocamiento de la noción y el sentido del tiempo, de la autoimagen, de la imagen del otro y de la visión del mundo” como refiere Estela Troya. De forma tal, que la pareja va inventando sus códigos y costumbres, esas formas tan peculiares de llamarse entre ellos, la canción o el lugar que los define, es decir, todo aquello trascendente del nosotros.

Una vez instalados, el primer momento es maravillo, sin embargo todo cambia y el enamoramiento no es la excepción. Sugiero mirar más de cerca lo que ocurre cuando el enamoramiento se modifica, toca a su fin o se acaba, es decir, cuando aparece el fin de la luna de miel, como lo nombran algunos teóricos en el ciclo vital de la pareja.

¿Qué ocurre cuando la relación de pareja se torna agobiante y el uso del nosotros se hace excesivo y hasta abusivo? Entrando a más detalle personal, cabe preguntarse, ¿es necesario hacer todo con mi pareja? ¿He tenido la sensación que las cosas van mal pues discutimos cuando tenemos actividades por separado?

Este tipo de cuestionamientos nos llevan a pensar y reflexionar si el estar en pareja implica renunciar a todas o casi todas las cosas que hacíamos habitualmente antes de iniciar una relación, como los gustos por el tipo de música, la comida, lugares o amistades. No implican una renuncia pero invariablemente las actividades sí se modifican en tiempo y forma y en concordancia con el enamoramiento, poco a poco aparece con más fuerza el deseo de mayor individualidad y de autonomía queriendo restablecer los hábitos de la soltería, lo cual llega a generar dudas e inseguridad que cobran peso en la relación.

Es así como después de estar unidos por algún tiempo, uno de los dos empieza a sentir la necesidad de tener más espacio personal y quizá empieza por prolongar la salida del trabajo, verse a solas con amigos y con ello alejarse un poco de la unicidad que han conformado y que se representa en “tú y yo somos uno mismo” o “juntos por siempre”, broma o no, de pronto dan ganas hasta quedarse un rato más en el baño o hacerse los dormidos.

¿Qué ocurre? Estos hechos inocentes son interpretados por el otro integrante de la pareja como un signo de desamor, genera la sensación de traición al nosotros, a nuestro vínculo; exponencialmente esta traición impacta en el otro y cuestionamos su confianza y amor, en estos momentos resultan atinadas las frases “ya no me quieres” o “antes hacíamos todo juntos” lo que moviliza a la pareja a una de las tantas puertas llamada crisis.

Desde este punto de vista no es extraño que ante estos altibajos una de las salidas sea un tercero, aclaro, no me refiero al famoso amante; el tercero del que hablo aparece de forma más sutil, disfrazado de más trabajo, más tiempo con amigos, cansancio, hijos (si es que los hay), responsabilidades sin fin, incluso peleas y discusiones, estas y otras tantas aparecen solo para crear distancia y para movilizar la fusión existente.

Complejicemos más, sumemos las situaciones que tienen que ver con el proceso vital que las parejas enfrentan, tales como dificultades económicas y laborales, enfermedades de seres queridos, muertes, abortos, hijos que no llegan y todos esos eventos que desafían a la pareja y ponen a prueba su “capacidad de aguante” llevándolos en la mayoría de los casos a dos caminos: por un lado los une y encuentran formas de solución para continuar adelante, o bien, por el otro, quedan marcados con resentimiento, mal entendidos, enojos y tristezas que dejan a la pareja a kilómetros de distancia siendo proclives las separaciones y los divorcios.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué llegar a estos extremos donde se dice que el amor se acaba o hay separación?

Por la dificultad de expresar abiertamente la necesidad de tomar distancia para volver a reencontrarse consigo mismo, reencontrarse con los propios gustos, hábitos, tiempos y ritmos que en su conjunto se llaman individualidad y sobre todo, por la dificultad que implica concebir y diferenciar que la búsqueda de mayor distancia nada tiene que ver con el desamor o el rechazo, en consecuencia, conciliar la idea de compromiso y amor con autonomía y libertad, es complicado.

Con lo anterior podemos ver que tanto en el día a día como en situaciones inesperadas y de crisis, uno de los miembros de la pareja pide esquina, como se dice coloquialmente, lo sorprendente es que es casi políticamente incorrecto pedir, solicitar o tomar distancia para encontrarse consigo mismo, y dado que se convierte en un asunto casi ilegal es necesario argumentar ilógicamente para conseguirla y tras varios intentos se engendra frustración. Otro riesgo no menos peligroso es evolucionar de la fusión del enamoramiento al apego y a la dependencia, lamentablemente este último también se confunde con el amor; de ahí que bajo la premisa del amor existen en relaciones alteradas, conflictivas y hasta violentas.

Por todo lo anterior, es importante tener presente que hay intimidad entre dos personas cuando cada una es capaz de mantener cercanía suficiente para satisfacer las necesidades mutuas de dar y recibir cuidados e intimidad, y a la par, mantener distancia necesaria para satisfacer las necesidades de crecimiento, autonomía y desarrollo personal. Desde este estado más o menos coherente de individuación se puede tener, ser o estar en pareja y permanecer en ella de formas convencionales o no convencionales; pensemos en esta opción como una posibilidad de resignificar las relaciones de pareja.

Para finalizar cabe preguntarse: ¿Cómo vas tú por la vida? ¿Te permites y/o permites estos espacios individuales en tu relación de pareja? ¿Cómo resuelves tus necesidades de distancia sin que el otro se sienta amenazado? Estas y otras temáticas son abordadas en la Terapia de Pareja. Acércate, pide más información y haz una cita.

REFERENCIA.

Troya E. (2000). La pareja romántica. En de qué está hecho el amor (39p.). Argentina: Lumen

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