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Renovarse o morir, la pareja que se convierte en padres


de pareja a padres

Hasta hace pocos años las personas se unían para formar una familia, no para vivir en pareja. Hoy, se tenga o no familia, vivir en pareja es una opción en la que se busca respuesta a la necesidad que cada uno de los miembros tiene  de apoyo, comprensión, afecto, realización individual, satisfacción sexual, reproductora, económica, social e intelectual,  para lo cual se requiere plantear el proyecto común sobre el cual se construirá el futuro de la pareja, y uno de los principales temas, es la decisión acerca de ser padres o no.

La parentalidad es uno de los retos más importantes a los que se enfrenta la pareja, ya que implica una reorganización total respecto a roles,  funciones y  dinámica. El impacto comienza desde el momento en que se recibe la noticia, ya que en cada uno de los miembros se activa y genera ideas sobre lo que implica el ser padres, las cuales pueden variar: ilusiones, expectativas, temores, miedos, resoluciones, etc. Elementos como la planeación del embarazo, la economía, el estado de la relación de pareja facilitarán o complicarán este primer momento.

La tendencia más general es que los futuros padres se enfocan en informarse sobre la forma en que se desarrollará el embarazo, los cuidados necesarios, el parto y la llegada del bebé, lo que da inicio a un proceso en el que la mirada de la pareja comienza a constreñirse sobre el tema del bebé.

Una vez que el bebé llega, la pareja  genera un espacio entre ellos para dar lugar al nuevo miembro y sus nuevas necesidades, los primeros meses son los más complicados debido a  los cambios hormonales en la mujer, la alteración del ciclo de sueño, el desconocimiento ante las nuevas tareas, la fuerte dependencia del bebé  así como el cansancio hace necesario que los nacientes padres cambien sus  hábitos, lo que incluye a su relación de pareja.

En esta etapa es frecuente que él bebé sea el centro de la atención, lo cual puede generar celos por parte de alguno de los miembros de la pareja, al sentir que ha sido desplazado en la atención del cónyuge. Esta situación puede ser más frecuente en las mujeres, pues de manera cultural existe un mandato de ser ella la responsable directa de la crianza, cuidado y educación, entre otros aspectos, lo que genera la necesidad de suprimir a la pareja para poder dar respuesta a las  múltiples demandas, de otro modo, podría aparecer la culpa. En el hombre esto puede generar que ante la pérdida de su compañera, busquen resolver fuera de casa  el vínculo afectivo y sexual  que se pierde en ese proceso.

Cabe mencionar que en la actualidad están surgiendo nuevas formas de  relación en las que el embarazo se vive como mutuo al igual que las tareas de cuidado, lo cual facilita el proceso para ambos miembros pues disminuye el desgaste y favorece la distribución de tareas.

Es común que se presente la irritabilidad generada por el cansancio, lo cual puede generar discusiones.

Por otro lado, es posible que se genere un choque entre la fantasía y la realidad de lo que implica la llegada del bebé, pues de manera social es frecuente que solo se destaque la parte positiva y gratificante de este proceso; sin que se hable de las dificultades a enfrentar y del estrés que esto puede generar. Por otro lado, es posible que las familias de cada uno de los miembros de la pareja pretenda apoyar dando consejos o comentando cómo la pareja debería enfrentar la situación, lo cual puede generar conflicto por escuchar a  sus familias en lugar de a su pareja.

¿Qué hacer?

  • Comprender que la situación no siempre será así, que es transitorio.
  • Planear  un espacio para disfrutar en  pareja  y cultivar la relación.
  • Promover diálogos para compartir lo que les pasa, plantear necesidades y resolver situaciones complicadas.
  • Hacer que el bebé se adapte al estilo de vida de los padres.
  • Organizar que cada uno de los miembros pueda tener diariamente un espacio personal para descansar, relajarse o simplemente distraerse.
  • Dividir y enlistar las actividades del hogar que cada uno desempeñará.
  • Compartir actividades de cuidado del nuevo miembro.
  • Desarrollar un proyecto personal a la par de la parentalidad.
  • Responsabilizarse de las emociones experimentadas y pedir apoyo cuando se requiera, ya sea por parte de la pareja o de un profesional en caso de ser necesario.

Referencia:Mc. Goldrick, M.; Walsh, F.(1991).La perdida y el ciclo vital de la familia. En C.J. Falicov (Comp), Transiciones de la familia: Continuidad y cambio en el ciclo de vida (pp429-463). Buenos Aires: Amorrortu

 

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