Trastornos del lenguaje oral. Consejos para su detección


trastornos del lenguaje oral

Los trastornos de lenguaje oral, como su nombre lo dice, constituyen “una alteración en la adquisición o desarrollo del lenguaje, lo cual dificulta la comunicación eficaz con los iguales”[1], por lo que representan un gran obstáculo para el desarrollo integral de las personas, pues es a través del lenguaje que éstas logran la adquisición de aprendizajes, interactúan con su entorno y, por ende, se desenvuelven personal y socialmente.

Se debe saber que los trastornos en el lenguaje se presentan comúnmente en la población infantil

(y tienen mayor incidencia en hombres que en mujeres) y que éstos abarcan desde simples dificultades de articulación de fonemas hasta graves problemas de comunicación.

En este sentido, es necesario prestar especial atención a los signos y síntomas que identificamos en los niños. Para esto,  debemos conocer que los trastornos del lenguaje se encuentran clasificados de acuerdo a tres niveles[2]:

NIVEL 1. Problemas en la voz. En este nivel se encuentran principalmente las disfonías, las cuales son alteraciones que afectan la intensidad, tono o timbre de la voz.

NIVEL 2. Problemas en el habla. Los niños que presentan dificultades en este nivel, muestran problemas en su articulación o fluidez verbal, es decir, suelen tener complicaciones al momento de emitir algún sonido o mantener un ritmo apropiado al hablar.

Dificultades en la articulación.  Entre las principales alteraciones de los sonidos del lenguaje se encuentran:

  • Dislalias. Las cuales se distinguen debido a que  los niños presentan dificultad para pronunciar correctamente determinados fonemas (/r/, /s/, /d/, etc.).  Éstas a su vez están clasificadas en dislalia evolutiva (problema de articulación debido a un inadecuado desarrollo de aparato fonoarticulatorio), dislalia audiógena (mala pronunciación debido a un déficit auditivo) dislalia orgánica o disglosia (mala articulación a consecuencia de una malformación en labios, lengua,  paladar, etc.) y dislalia funcional ( utilización incorrecta de los órganos que intervienen en la articulación del lenguaje debido a diversas causas que van desde insuficiente control psicomotriz hasta deficiencia intelectual).
  • Disartrias. Este problema se presenta en los niños que tienen dificultad para articular correctamente debido a una lesión en su sistema nervioso y se puede apreciar a través de la estabilidad de su función respiratoria, en el sonido de su voz, en la forma en que emiten alguna palabra (barrida, borrosa, etc.) y por supuesto en su nivel de articulación.

Dificultades en la fluidez verbal. En este tipo de alteraciones se encuentra la disfemia o tartamudez, la cual se  puede apreciar principalmente en el ritmo  del habla que presentan los niños, al notar si éstos se expresan de manera bloqueada (tartamudez tónica), suelen repetir alguna sílaba (tartamudez clónica)  y/o prolongan algún sonido de las palabras que emiten.

NIVEL 3. Problemas en el lenguaje. En este sentido, las dificultades ya no sólo se localizan en la forma de articulación o expresión vocal,  sino que constituyen también problemas para comprender y establecer procesos comunicativos.

En este nivel se encuentra los trastornos específicos del lenguaje los cuales se caracterizan de la siguiente manera:

  • Retraso Simple del Lenguaje. Aquí se identifica a los niños que presentan problemas en la articulación de algunos fonemas y un déficit de tipo fonológico-sintáctico debido a diversas causas que van desde la sobreprotección o abandono familiar, hasta una causa genética.
  • Disfasias. Estas se caracterizan por una dificultad del niño en la adquisición o desarrollo del lenguaje sin causas neurológicas observables tales como lesión cerebral o retraso mental.
  • Afasias. Éstas, al contrario de las disfasias, son problemas en el lenguaje caracterizados principalmente por  un daño neurológico producido después de que el niño haya adquirido el lenguaje.

Como se puede observar, son diversas las causas y características de los trastornos o dificultades del lenguaje, cada uno de ellos tiene especificidades que no se deben pasar por alto al momento de la detección y tratamiento de los mismos, pues de ello depende una acertada intervención.

SEÑALES PARA IDENTIFICAR SU PRESENCIA

Como profesionales y padres de familia, debemos estar alerta para poder identificar oportunamente cualquier alteración en la adquisición y desarrollo del lenguaje de los niños.

Primeramente, debe saberse que la adquisición del lenguaje es un proceso paulatino que tiene secuencias generalmente predecibles y que comienza desde los primeros meses de vida (Cuadro 1.0).

CUADRO 1.0[3]

MESES CARACTERÍSTICAS
12 meses Los niños producen balbuceos y  comienzan a pronunciar primeras palabras.
12-18 meses En esta edad el vocabulario del niño consta de 5 a 20 palabras y hace uso de holofrases para hacerse entender.
24 meses Aquí, el niño ya comienza a combinar las palabras para darse a entender y su vocabulario ya es más amplio.
36 meses Los niños comienzan a preguntar sobre todo y su pronunciación ya es más entendible incluso para las personas que no conviven cotidianamente con ellos.
48 meses Notable mejoría en la articulación de los niños. Su expresión ya es más fluida.
60 meses Aquí, los niños tienen un mayor uso social del lenguaje y desaparece la articulación infantil defectuosa.

 

  •   Es necesario identificar cualquier imposibilidad que presente el niño al momento de emitir sonidos o palabras.
  •   Debemos distinguir la capacidad que tiene el niño para manifestar o expresar sus necesidades e intereses; la forma en que reconoce su persona (partes del cuerpo) y su entorno (hogar, escuela, etc.).
  •  Tomar en cuenta sus respuestas ante estímulos visuales y sonoros.
  •   Cuando el niño se exprese, se debe distinguir si éste sustituye un sonido determinado por otro que le es más fácil pronunciar (por ejemplo: “rosa” por “dosa”), si omite algún fonema o sílaba (“prima” – “pima”), si incluye algún sonido vocálico para intentar pronunciar una palabra (“terés” – “tres”), si articula un sonido de manera deformada o distorsionada o si invierte  el sonido de una palabra durante su articulación (“estuata” – “estatua”).
  •   Debemos reconocer las dificultades que presenta el niño para establecer conversaciones con distintas personas, para hacer referencia a hechos, anteriores o presentes de su vida diaria.
  •  Establecer si el niño hace buen uso de conjugaciones y  de elementos gramaticales.
  •   Determinar si el niño tiene un adecuado volumen y ritmo al hablar o si presenta verbalizaciones repetitivas.
  •  Reconocer si el niño contesta de manera coherente ante las  preguntas que se le realizan o si por el contrario, responde repitiendo lo que se le preguntó.

Así pues, si el niño presenta una o más de estas señales, es necesario que se acuda con profesionales tales como, neurólogos,  psicólogos, pedagogos, logopedas, fonoaudiólogos, para poder tener una detección e intervención temprana,  evitando con ello que se instauren en el niño comportamientos de inseguridad, agresividad o retraimiento.

 

FUENTES DE CONSULTA

  • CARRASCO Núñez, J. Luis. Antología de sistemas de educación especial I. Selección de lecturas ENEP Aragón. UNAM. 1985.
  • GALLEGO Ortega, J. Luis. Dificultades ligadas a la adquisición y el desarrollo del lenguaje.  Et. Al. Manual de evaluación e intervención psicológica en necesidades educativas especiales. Ed. McGraw-Hill Interamericana. España, 2004.

RECOMENDACIONES

  • ACOSTA Rodríguez, V.M. Evaluación, intervención e investigación en las dificultades del lenguaje en contextos inclusivos. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología. 2005, vol. 25, No. 4. 148-161.
  • J.F. Cervero. La intervención logopédica en los trastornos de la adquisición del lenguaje. Revista Neurol 1999, 28 (supl. 2). 109-118.
  • CONDE Guzón. P.A. Perfiles neuropsicológicos asociados a los problemas del lenguaje oral infantil. Revista Neurol 2009, 48 (1) 32-38.

 

[1]            CARRASCO Núñez, J. Luis. Antología de sistemas de educación especial I. Pág. 23.

[2]            GALLEGO Ortega, J. Luis. Dificultades ligadas a la adquisición y el desarrollo del lenguaje. Págs. 139-146.

[3]                  ÍBIDEM. Cfr. Pág. 138.

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CAPI. Clínica de Atención Psicológica Integral

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