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Construyendo a la pareja fuera de la violencia


hombre y mujer callados
"Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia"
Jean Paul Sartre

Sería conveniente  pensar  que las parejas se unen por emociones  positivas, de amor y funcionales, como  lo es el cariño, el deseo, el respeto, el cuidado  y el  bienestar  mutuo,  sin embargo, esas  premisas no aplican para todas  las parejas de forma general,  en otras ocasiones la presión, el control, la baja autoestima,  esperar  que el otro se haga cargo de mí, la soledad o repetir patrones de infancia, nos pueden llevar a tomar decisiones erróneas que pongan en peligro nuestra integridad física y emocional. Lo más difícil de esto, es que en muchas ocasiones somos inconscientes, no nos percatamos de la construcción que estamos haciendo de relaciones violentas en nombre del amor.

Hablar  de las causas  que llevan a dos seres humanos a caer en relaciones  violentas sería muy extenso, pues cada persona como un universo personal cuenta con sus motivos inconscientes o conscientes para  la construcción de la pareja  violenta.

En ocasiones podemos, de manera inadvertida proyectar en nuestra pareja expectativas irreales, imposibles de cumplir. Y aunque el conflicto y los malos entendidos son naturales y saludables estos no deben llegar a tomar la forma de maltrato.

Para esto es importante diferenciar entre el enojo y la violencia.

El enojo debe entenderse como una emoción humana valida y útil en muchos casos, es una respuesta natural ante una situación de la que no se está de acuerdo o no se comprende; la agresión sirve para responder a un ataque o cuando uno se siente en peligro y no necesariamente el efecto es causar daño pues su propósito es la defensa.

Algunas personas piensan de manera incorrecta que hay actos de violencia más graves que otros, al comparar una situación de violencia física con el sarcasmo o la ironía, las burlas o la invasión de la intimidad; por eso es importante conocer todos los tipos de violencia para estar atentos ante cualquiera de sus manifestaciones ya que la violencia se acepta poco a poco como una situación común, a través de la imposición cotidiana. Ya sea violencia económica, psicológica, física o sexual, humilla y daña la autoestima de la persona que lo recibe y en muchas ocasiones se agrava con el tiempo, lo que daña la vida emocional de quien la recibe y testifica.

Existen ciertos tipos de personalidades más proclives a ejercer violencia, como las personas con rasgos impulsivos, egoístas, posesivos, celosos o pasivo-agresivo mientras que las personas que han vivido en ambientes muy violentos, depresivas, inseguras y con baja autoestima, son más propensas a recibir maltrato.

Cuando la violencia se ha instalado en la relación se presenta de manera cíclica, y se incita con la acumulación de tensión entre la pareja seguida por un estallido violento y puede finalizar con el arrepentimiento, lo que cierra así el ciclo hasta la aparición del siguiente episodio. Cada persona es responsable de establecer relaciones constructivas, pues las personas que adoptan una actitud de pasividad y aceptación permanecen más tiempo en relaciones destructivas; en cambio, las que adoptan una actitud de inconformidad, piden ayuda y establecen límites, lo que les facilita alejarse de personas y situaciones violentas.

En una relación se presentan una gran cantidad de emociones en las que vale la pena reflexionar acerca de aquello que las produce y cuál es la respuesta ante ellas.

Es imposible decidir lo que sentimos, pero no el cómo respondemos ante nuestras emociones, no debemos calificarlas como buenas o malas, verlas y reconocerlas nos hace más humanos  y responsables, conscientes de nosotros mismos y los demás.

Para entender la violencia de pareja es importante identificar qué otras emociones acompañan al enojo en vez de tratar de reprimirlo y evitar entender mejor qué sucede y qué es lo que necesitamos. No se debe pensar que solo un miembro es responsable de la violencia, existen relaciones que por sus características complementarias atrapan a ambos y cuando los conflictos no se distinguen y no se hablan, se convierten en acciones impulsivas, en algo que nos impele a actuar sin entender el por qué. Ya sea en una relación de pareja o personalmente, el negarse a abordar un problema imposibilita el resolverlo y aprender de él.

Una relación de pareja es para construir juntos y si bien en todas las parejas hay malentendidos, la forma en la que se enfrentan y superan es un indicador del estado de la relación. La violencia siempre es intencional y quien lo ejerce toma la decisión de hacerlo, elije el lugar y momento, nada justifica la violencia.

El construir una relación de pareja libre de violencia es una tarea constante y mutua de auto observación, paciencia, comprensión y respeto, donde el bienestar de la otra persona es tan importante como el propio. Ante cualquier signo de violencia es importante expresar y escuchar, así como buscar la ayuda pertinente y así lograr un entendimiento a través del diálogo que permita avanzar juntos y re estructurar en función de una convivencia sana y basada en el amor.

En CAPI contamos con programas para parejas diseñados especialmente de acuerdo a sus necesidades. ¡Permítanos ayudarle!

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