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¿Crisis en la pareja por la llegada del primer hijo?


pareja distante

Hoy quise cambiar un poco el tema de lo que habitualmente escribo. Quiero hablar de un tema que en apariencia es un momento maravilloso: la llegada de un hijo; y enfocarme principalmente en el momento de la llegada del primer hijo.

La llegada del primer bebé influye fuertemente en la relación de pareja y en los miembros que la conforman, un punto muy importante el que además de ser pareja se convierten en padres. Y el ser padres tiene muchas implicaciones emocionales y no se sabe cómo es ser padre hasta que lo es.

La llegada del primer hijo cambia la vida de la pareja. Antes vivían para ellos y ahora viven para un tercero. Es una nueva forma de estar juntos, ya que estar junto a los hijos no es estar separados sino es estar juntos de otra forma. Como vemos la paternidad parece poseer un poder extraordinario para hacer que los padres crezcan para unirlos como pareja y desarrollar la relación. Así, el hijo representará siempre el vínculo entre sus padres.

Sin embargo, no obviemos que la llegada de esta una nueva figura en la familia, va a implicar una serie de cambios a los cuales los cónyuges tienen que adaptarse y acomodarse previamente. Algo esencial que tiene que comprender la pareja a la hora de plantearse tener un hijo es que la paternidad y la maternidad influye fuertemente en la relación de pareja, pues requiere que ambos miembros aprendan los nuevos papeles. Como ocurrió al inicio de la relación de pareja, cada uno en forma inconsciente, tratará de poner en práctica lo aprendido en la familia de origen. Empero, como éstas son dos familias diferentes con costumbres y estilos distintos, es probable que al tratar de educar al bebé la pareja enfrente esas diferencias entre ellos, las cuales requieren nuevamente flexibilidad para poder llegar a acuerdos, ya que es necesario que los miembros de la pareja desarrollen habilidades de crianza, de ser padres de comunicación y negociación, ya que ahora tienen las responsabilidad de cuidar al bebé, de protegerlo y socializarlos. Se convierte en su prioridad, sobre todo en los primeros años de vida del hijo.

Los cambios que se producen en la familia, van a influir propiamente sobre su estructura, de ser dos (pareja) pasan a tres (trío) y a su vez un cambio cualitativo importante: pasar de pareja a padres. Así nos lo comenta Paulino Castells “Se producen dos nacimientos en la familia. El ser que acaba de nacer necesita que la pareja conyugal le haga un sitio, y a la vez hay que encontrar un nuevo lugar para la pareja parental que también acaba de nacer”.

Pues bien: ¿Cómo influye en la pareja el nacimiento del primer hijo?

Esta historia comienza desde que la mujer se entera que está embarazada, ya que desde este momento toda la atención va dirigida a el bebé, los preparativos para la llegada, las visitas al ginecólogo, los cambios visibles que se va teniendo durante el embarazo, con los cuidados que eso implica, así como las expectativas que se van generando alrededor de la llegada.

En esta etapa, de una forma más notoria, el vivenciar de la paternidad y maternidad son vividas de distinta forma: la madre va tener un íntimo contacto con su bebé durante todo el embarazo, sin embargo, el padre no va tener esa vivencia tan directa hasta que no pueda ver a su hijo. Aunque previamente se iniciará en la percepción de la realidad del hijo entorno a los 4-5 meses de gestación, cuando lo vea a través de monitor de la ecografía, y asimismo cuando la madre le avise para que ponga delicadamente su mano sobre su vientre y perciba los movimientos fetales. Qué tanto involucre la madre al padre durante esta etapa, va marcar mucho y a evitar muchos problemas a posterior, como que el padre se sienta excluido, celos por la atención al nuevo integrante de la familia y que entren en competencia. Lo ideal es que en este tiempo de espera, sea el momento en el que ambos puedan asumir interiormente el significado de “ser padres” y cómo influirá sobre su relación de pareja.  Si es importante que los padres preparan lo más que puedan para la llegada de su primer hijo, como, una habitación, la ropa, que nombre le pondrán, etc. Es mucho más importante que la propia pareja se prepare para ello dialogando, para crear o fortalecer la relación sólida, estable, con buenos niveles de comunicación y por supuesto de afectividad, y que dispongan de habilidades adecuadas para resolver problemas, además de acompañarse mutuamente desde el embarazo hasta el parto: la visitas al ginecólogo, las clases de preparación al parto, etc. Es comprensible que sean ambos los que se impliquen, ya que se trata de una nueva familia que están fundando.

Una vez que el embarazo ha transcurrido con normalidad y se produce el momento del parto o alumbramiento, los padres pueden contemplar a su hijo, sobre el que habían ya fantaseado previamente. Esas fantasías y sueños poco apoco tendrán que irlas elaborando los padres ya que la aceptación total del hijo se basa en la gratuidad, y no valerse de él en ningún momento para resolver o solucionar lo que no se ha podido hasta el momento, ya que así por ejemplo el bebé no es una forma de “salvar” nunca una relación poco sólida. Al considerar al hijo no como una propiedad, muchos de los conflictos posibles no tendrán sentido y obviaran muchas rivalidades ente los miembros de la pareja, ya que el padre irá comprendiendo que aunque puede sentirse desplazado durante los primeros meses el amor de ella ahora se encuentra dividido entre él y el hijo, además que dicho amor es diferente y que en ningún momento entran en competencia. Y por otro la madre se manejará con menos angustia y ansiedad al no tener que  ambos amores con la misma intensidad y estará más relajada

También está la situación de la llegada a casa, para quienes son padres por primera vez, todo son dudas; no estar seguros de si el bebé está bien alimentado, no saber el motivo de su llanto, miedos a no saber hacerlo bien, temor a que se caiga, a no saber si se está siendo buen padre; a pesar de haber leído millones de artículos, libros y de más. Todo esto, indudablemente, tiene consecuencias en una pareja, positivas y a veces, negativas. Por eso es importante saber expresar los sentimientos que uno tiene sin caer en la acusación al otro. Los estudios dicen que las parejas que hablan, que se escuchan, que se comunican diciendo lo que sienten, tienen altas probabilidades de que todo salga bien, de que se solucionen las cosas.

Es importante la comunicación del cómo se sienten, ya que ambos miembros de la pareja sufren cambios. Muchos hombres, con la llegada de un hijo, adquieren un mayor grado de responsabilidad a la hora de afrontar su vida laboral y comienzan a sentir miedos hasta ese momento desconocidos.

Muchos optarán por no decir nada a su pareja para evitar preocupaciones pero eso no significa que no estén durante una primera etapa muy absortos en esa nueva etapa de la vida y del trabajo, lo que genera un cierto alejamiento en la pareja. Por supuesto, también sienten celos cuando llega un bebé, debido a que aquella mujer que siempre estaba pendiente de él ahora casi nunca está disponible para llevar una conversación de más de cinco minutos. La mayoría de las mujeres no reparan en esa ausencia que tienen porque están muy atareadas con todo lo que implica el cuidado de un bebe; dar el pecho, cambiar los pañales, “Ahora tiene un gas, ahora no sé por qué llora”… A esto se suma que muchos hombres por temor a no hacerlo bien o por cultura, participan poco o nada en la crianza de sus hijos hasta que estos no caminan. Aunque es cierto que poco a poco las cosas han ido cambiando, aún existen padres que se acercan poco al recién nacido, creando una brecha entre la pareja, porque la madre se vuelca al bebé y no hay otro tema en su cabeza y el hombre no sabe sobre él, entonces, ¿de qué van a platicar.? Por eso la importancia de que al padre también se le involucre en las actividades con el bebé, que cambie pañales, etc. Y así el sentimiento de exclusión y de celos será nulo.

Entre los cambios que sufre la mujer están los físicos y los emocionales, también surgen miedos, llantos injustificados, creencias de estar solas, la pareja la ha dejado de querer porque ya no se acerca como antes, la ve fea y que se siente fea. Esto se complementa con el actuar de su pareja de celos, de alejamiento, miedos por no poder ser un buen proveedor y de cero comunicación. Toda esta bomba de cambios y sentimientos  pueden jugar una mala pasada que en ocasiones llegan a tambalear los cimientos del matrimonio más estable.

Otro tema que puede generar conflicto es la familia de origen de cada uno de ellos. Desde lo más simple como las visitas de imprevisto para conocer al bebé hasta la infinidad de opiniones y consejos de crianza. Muchas mujeres necesitan de la constante presencia de su madre en casa para la ayuda, pero para el padre no es la madre sino la suegra y si ya de por sí se siente desplazado, ese hecho no ayuda demasiado. Es fácil recurrir a esa valiosísima ayuda pero hay que tener la sabiduría para que en cuanto llegue se le dé el lugar a la pareja con referencia a la casa y al hijo para no aumentar su sentimiento “me hacen a aún lado”. Hay que recordar que muchos hombres se ven intimidados por la presencia de las madres de su pareja y comienzan a sentirse incómodos en su propia casa.  Además, cómo no, los siempre mal venidos comentarios de todo el mundo, muy especialmente de las abuelas y cuñadas, sobre el modo de crianza escogido,  que no siempre caen bien, especialmente en una madre recién parida. Los consejos no pedidos sobre cómo das el pecho, si lo das o no lo das, si coges al bebé en brazos… no suelen caer bien.

Por eso lo que la pareja debe de cuidar en esta nueva etapa de la pareja es:

En primer lugar la comunicación, ya que es la mejor herramienta para eliminar los disgustos y prevenir discusiones.

Los padres pueden estar demasiado concentrados en cuidar del bebé y pueden olvidarse momentáneamente de tomar tiempo para hablar entre ellos.

Pequeñas desavenencias surgen cuando los problemas no se discuten abiertamente, por ello, es importante dedicar tiempo para la comunicación. A menudo, lo único que hace falta para resolver una mala interpretación es ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.

En segundo lugar resolver las diferencias, los malos entendidos o los conflictos inevitables, que no se quede nada en el tintero, ya que los resentimientos combinados con el cansancio y el estrés de la crianza de un bebé hacen que la situación se vuelva más grande y dolorosa de lo que en realidad es

El tercer lugar  aunque el bebé  ha convertido a la familia de dos a una de tres, la pareja todavía necesita tiempo juntos para mantener viva la fuerza de la relación. Debido a que sus vidas ahora están más ocupadas, la mejor manera de disfrutar de tiempo juntos es planeándolo.

Consejos para los nuevos padres

A medida que entran en esta nueva etapa de la vida como familia, mantener el enfoque sobre lo que realmente importa ayuda durante los momentos difíciles, especialmente durante los primeros meses. Puede que moleste no haber tenido suficiente tiempo para hacer la cama, pero en realidad, esto no es demasiado importante. Cuanto más flexible pueda ser sobre el trabajo que logre hacerse, más relajado y en control se sentirán. Para que ambos se mantengan al tanto de los quehaceres del hogar, haga una lista de las responsabilidades de cada uno y colóquela en la puerta del refrigerador. Para las responsabilidades más tediosas, como alimentar al bebé de noche, alternen turnos cada vez que puedan. Si ambos se ayudan entre sí, entonces ninguno de los dos estará resentido por tener que hacer todas las tareas.

Asegúrese de darse cuenta de lo que funciona bien en su relación. Traten de ser conscientes de las emociones y necesidades de ambos. Lo más importante es que disfruten del tiempo con el nuevo bebé, el cual crecerá más rápido de lo que podrán darse cuenta. En caso de que estén experimentando problemas, buscar un espacio en donde se pueda abrir ese canal de comunicación que está cerrado, no cae nada mal.

 

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Psic. Marcela Cervantes Chávez

Psicoterapeuta de CAPI

Estudió en la Facultad de Psicología de la UNAM. Es pasante de Maestría en Psicoterapia de pareja y familia, en Instituto de Terapia Familiar, CENCALLI. Cuenta con diplomado en Trastornos de la Alimentación cursado en Monte Fénix y una Certificación nivel II en Psicoterapia asistida por equinos, avalado por EAGALA. Cursó un Diplomado en Enfermedades Psicosomáticas, en el Circulo Psicoanalítico, así como un Diplomado en Nutrición Biodirigida y otro en Homeopatía, ambos avalados por la Escuela Latinoamericana de Educación en Salud Integrativa.
Tiene experiencia laboral por más de 11 años como psicoterapeuta. Es psicoterapeuta de pareja y familia desde hace más de 5 años en el Centro de Atención Psicológica Integral, CAPI.

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