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Las claves para mantener una relación satisfactoria


pareja felizmente riendo

En el artículo en el cual escribí los cinco predictores del divorcio, quedaron muy claras las actitudes y las conductas en donde muchas parejas caen, sin darse cuenta, y que llevan directo al fracaso y a la ruptura emocional de la pareja.

Cuando termine de escribir este artículo me quedé con una inquietud que me llevó a reflexionar que así como siempre hay un lado oscuro, existe el lado blanco, y así como existen los predictores para el divorcio, deben de existir los indicadores o las claves de un buen matrimonio, y me di a la tarea de investigar y recapitular experiencias de las parejas de éxito que he atendido en CAPI, y encontré los siguiente.

Mi experiencia coincide con lo que encontró el psicólogo Gottman en sus investigaciones, en donde menciona y engloba el éxito de una pareja en siete actitudes.

El primer punto es que cada uno debe tener muy claro como “un mapa del amor”, como lo menciona Gottman, esto quiere decir que los miembros de la pareja deben de conocer íntimamente el mundo de su compañero y me refiero a íntimamente no en un aspecto sexual, sino de cercanía, de conocer del otro eventos importantes de su vida, saben con qué prefiere aderezar la ensalada, qué música detesta y cuál es su complejo arrastrado de la infancia. Conocen suelos, miedos y objetivos de su compañero/a este punto es muy obvio, ya que si no conoces a la pareja no se la puede amar, uno no puede amar a alguien que no conoce, y la explicación de este punto es para que una pareja funcione, la elección del compañero se tiene que dar en términos reales, sin idealización, sin buscar la perfección y sabiendo quiénes realmente el otro, viendo lo bueno y lo malo.

En este punto también entra la aceptación de las diferencias, incluso deberían admirarse y en vez de verse “como las cosas que los separan” se deberían de ver “como las cosas que los complementan”.

El segundo punto es que cada uno de los miembros de la pareja sienta que la persona con la que están es digna de respeto y cariño, y no solo es sino que, lo más importante, se lo hacen saber en los detalles cotidianos, afirma Gottman. ¿Quién quiere estar junto a alguien a quién se rechaza o con quién no demuestra aprecio por nuestra persona?

Para cultivar el cariño y la admiración es necesario estar en contacto cotidiano con los aspectos positivos de la pareja, y, en caso que fuera necesario, desenterrarlos en el olvido, porque si todo el tiempo se pone el ojo en lo negativo, será difícil crear un ambiente gratificante para ambos.

Otro punto es como se solucionan los conflictos en la pareja, ya que el tener una relación satisfactoria o feliz, no quiere decir, tener una relación sin conflictos.

Las parejas emocionalmente inteligentes, las enfrentan utilizando estrategias que mitiguen la tensión. Como es, ser flexibles, mantener el humor, la tolerancia, asumir compromisos y cumplirlos, aprender a relajarse para no perder la calma. Si aun así no hay coincidencia, las parejas felices logran comprender los sueños o miedos individuales del otro y aceptan que se puede convivir con las diferencias.
El punto que sigue es el de “querer compartir el poder”, me refiero con esto a no cometer el error de decidir por el otro, o pensar por el otro, que al final de todo es someter al otro, ignorarlo, y no darle el valor que merece que se traduce como violencia. Se trata de lograr un delicado equilibrio que puede verse particularmente roto cuando hay crecimientos disparejos. Aquí es ejercer el trabajo en equipo, mientras uno trabaja para conseguir dinero, el otro trabaja en casa, pero ambos trabajos son igualmente valorados y vistos como complementarios, uno sin el otro no podrían funcionar de manera adecuada la pareja, y mucho menos crecer.

Por otro lado, armar un vínculo para llenar vacíos propios no funciona, declaran unánimes los terapeutas de pareja. Una norma de oro es tener claro si se eligió la pareja por necesidad o por decisión. Si a las preguntas ¿sin esta persona puedo vivir? O ¿esta persona sin mí puede vivir? La respuesta es no, entonces eso es peligroso. Pero cuando la persona sabe que se puede ir y elige quedarse, la pareja tiene buen pronóstico.

Schiera ejemplifica con una situación bastante común; dos personas con carencia (afectivas, materiales) heredadas de otras etapas de la vida, se unen y una le pide a la otra (inconscientemente) que se la cubra. En un principio esto es beneficioso y es un buen negocio para las dos partes, ya que una da y la otra recibe. Pero con el tiempo esto cansa a uno de los dos y es cuando comienzan los problemas. Aquí es la capacidad de la pareja para darse cuenta de que el otro no está para cubrir necesidades individuales, ni vacíos existenciales, sino esta para acompañar, para compartir. Para seguir siendo dos y no volverse para volverse uno.
El último punto, pero no por ello el menos importantes es que la pareja respete y no se dé el lujo de descuidar su intimidad y privacidad. Gottman habla de un micro-cultura, de un espíritu de trascendencia que liga a los cónyuges emocionalmente inteligentes y que han logrado afianzar su vínculo construyendo un mundo espiritual que les pertenece. ”La pareja es un mecanismo delicado y exquisito que tiene normas y equilibrios propios. Debe tener su autonomía respecto de las familias de origen. También es importante distinguir y separar el rol de ser pareja, del rol de ser padres. Si el mecanismo interno funciona bien y está sano, lo de afuera no interfiere”, dice Schiera.

Para resumir lo que hace que una relación funcione es:

– Ambos sean emocionalmente inteligentes: que se respeten, se apoyen, se admiren y que tengan sentido del humor. Deben estar dispuestos a utilizar una seña, una palabra clave, una gesto chistoso, para interrumpir una discusión sin salida.

– Deben basarse en la amistad e involucrarse en la vida del otro. Es saludable que tengan intereses e incluso trabajos diferentes, pero es vital estar pendientes el uno del otro y saber cuándo el cónyuge necesita apoyo, ayuda, o simplemente hablar.

– El matrimonio ha de ser un punto de apoyo y no fuente de angustia. Debe dar energía, no restarla. Un matrimonio sólido es aquél en que ambos apoyan los sueños del otro, se animan mutuamente y juntos sienten que pueden resolver cualquier problema.

Y si estoy identificando que mi relación no está marchando como debería… ¿qué tengo que hacer para mejorarla?:

– Conocer y estár al tanto de lo que piensa el cónyuge. Interesarse por sus preocupaciones, miedos, sueños, anhelos y proyectos.

– Mostrar cariño y cultivar admiración y respeto por el otro.

– Avivar la pasión. Hay que encontrar tiempo y maneras de sentirse conectado emocional, mental y físicamente con el cónyuge.

– Resolver los problemas que tienen solución y aprender a vivir con los que no la tienen.

– Y la más importante pedir ayuda a un especialista, antes de que el resentimiento, la falta de respeto, la falta de admiración, la crítica, el desprecio, la actitud defensiva y la evasión se apoderen de la relación y ya no exista vuelta atrás.

 

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Psic. Marcela Cervantes Chávez

Psicoterapeuta de CAPI

Estudió en la Facultad de Psicología de la UNAM. Es pasante de Maestría en Psicoterapia de pareja y familia, en Instituto de Terapia Familiar, CENCALLI. Cuenta con diplomado en Trastornos de la Alimentación cursado en Monte Fénix y una Certificación nivel II en Psicoterapia asistida por equinos, avalado por EAGALA. Cursó un Diplomado en Enfermedades Psicosomáticas, en el Circulo Psicoanalítico, así como un Diplomado en Nutrición Biodirigida y otro en Homeopatía, ambos avalados por la Escuela Latinoamericana de Educación en Salud Integrativa.
Tiene experiencia laboral por más de 11 años como psicoterapeuta. Es psicoterapeuta de pareja y familia desde hace más de 5 años en el Centro de Atención Psicológica Integral, CAPI.

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