Los cuatro tipos de comunicación que llevan a un divorcio


hombre y mujer enojados

En la actualidad existe una estadística de que hay más divorcios que casamientos, y que los matrimonio duran menos; que los jóvenes  se casan con la idea de “bueno sino funciona me divorcio y ya”. Pero una realidad es que a pesar de que la estadística es poco alentadora, la gente no se casa para divorciarse, ya que  el divorcio, después de la muerte de un hijo, es uno de los procesos de duelo más doloroso por el que una persona puede pasar.

Pero, ¿por qué se está dando está situación? En primer lugar varios estudio han encontrado que alrededor del matrimonio existen un sin fin de mitos, que crean expectativas con relación a la vida conyugal. Lo que hace que se pierda lo que se debe de esperar, porque las expectativas crean una niebla que impide ver lo que está pasado y nos lleva a cometer los cuatro errores que llevan a un divorcio o a una ruptura definitiva del matrimonio.

Lo primero que se ve afectado y que además es un pilar para la resolución de los conflictos es la comunicación, y en un análisis más global, los cuatro errores fatales tienen que ver con la comunicación.

La forma de cómo nos comunicamos tiene más impacto de lo que notamos a simple vista.

Sabemos que la comunicación está dividida en dos: comunicación verbal y no verbal. La primera es lo que decimos y la segunda se refiere en grandes rasgos es al cómo se dicen las cosas, así que  lo que decimos y lo que dejamos de decir, así como la forma en que lo hacemos influye en nuestra forma de relacionarnos con los demás y predice cómo se desarrollará la relación.

La comunicación es tan importante ya que es la herramienta que las parejas y os seres humanos tienen para manejar los conflictos y solucionarlos. Ted Huston, en sus estudios de seguimiento a parejas recién casadas, encuentra que aquellas que se divorcian no se diferencian en casi ninguna categoría de las que permanecen casadas. La probabilidad de separación no se relaciona ni con la cantidad de desacuerdos ni con los tópicos conflictivos. Lo que distingue a las relaciones sólidas de las frágiles es la forma cómo se manejan los conflictos y la capacidad de aceptación de aquello que no se puede modificar, que justo es el tipo de comunicación. Otras investigaciones realizadas por John Gottman y Clifford Notarius, en diferentes países encontraron que: Casi todas las parejas suelen tener los mismos conflictos, Los problemas no disminuyen con el tiempo, sino que se agravan, las parejas discuten por los mismos temas a través de los años, las parejas que se divorcian tienen la misma cantidad de dificultades que las que permanecen juntas, la similitud de caracteres o de opiniones no son garantía para una relación estable.

Según Gottman, el problema no radica en las diferencias o conflictos mismos, pues son comunes e inevitables en la inmensa mayoría de las relaciones; sino que aquellas parejas que acaban separándose suelen quedar entrampadas dentro de intensas emociones negativas y caen en una espiral autodestructiva consistente en emplear sistemáticamente cuatro mecanismos comunicacionales que son altamente dañinas, ya que dificultan solucionar el conflicto o bien aceptar lo incambiable. Gottman, afirma que se puede predecir si un matrimonio terminará en divorcio o no sólo con analizar a la pareja mientras habla por una hora y especialmente si no se ve que los miembros de la pareja efectúen acciones reparatorias.

Con sus investigaciones Gottman ha llegado a la conclusión de que existen cuatro factores o actitudes principales en la forma de comunicarse que pueden llevar a una pareja al divorcio y estas son: estar a la defensiva, la indiferencia o el silencio, la crítica constante y el desprecio.

1.- Estar a la defensiva: la comunicación, el mensaje es percibido como ataque. Por lo que la persona se muestra como indignada y como víctima. Esta postura es para eludir la responsabilidad en la construcción del conflicto y descalificar las percepciones del otro. Se recurre a las tácticas de negación, no admitir estar equivocado, buscar excusas, inventar explicaciones, responder con otra queja y/o contraatacar. Con todo lo anterior, la finalidad es  culpar en forma indirecta a la pareja e invalidar su queja, además de no aceptar las críticas y no tener disposición para disculparse por los errores.

El mensaje que se emite es: “El problema no soy yo”. Al tratar de anticipar ataques potenciales, se puede caer en un estado hipersensible y de moderada paranoia, sintiendo que el responsable del malestar es el otro.

2.- La indiferencia o el silencio: en vez de emitir señales de estar atentos a la conversación, asumimos una postura evasiva de distanciamiento y superioridad consistente en desconectarse y replegarse en uno mismo, ignorando al otro como si no nos importara. Se recurre a las maniobras de poner cara inexpresiva, apartar la mirada, responder lacónicamente o mantenerse en total silencio. Con ello estamos implicando que hemos efectuado una condena previa en contra de nuestra pareja, desvirtuando su queja. El silencio resulta frustrante y doloroso, especialmente para el que sufre el silencio. Si sentimos que una situación es insoluble, probablemente creamos que la insensibilidad o el no hablar de ello, es la única salida o la menos destructiva, es una forma ante el no saber cómo lidiar con lo que se siente, creyendo que el callar es una forma de protección; sin embrago todo eso se acumula en forma de resentimiento y tarde o temprano tendrá que salir Usada de vez en cuando, esta táctica puede constituir una última defensa para no atacar. No obstante, empleada como norma, está reflejando un deseo de escapar más que un intento de resolución.

3.- La crítica constante: a diferencia de una queja, la crítica consiste en descalificaciones o ataques personales despiadados y/o excesivos. Implica mucho más que una simple queja por una conducta específica. Se trata de un atentado en contra de la otra persona, puesto que en el fondo es un ataque dirigido a su carácter y no a sus actos. Generalmente incluye las acciones de culpar y difamar, así como el uso de los vocablos  nunca y  siempre. Las críticas tienen un impacto emocional muy corrosivo, dejando al que recibe la crítica un sentimiento de vergüenza, de disgusto, de ultrajado y humillado.

4.- El desprecio: este es uno de los más grandes predictores de divorcio, ya que se habla de desprecio cuando se ha llegado a un punto de falta de respeto, de desvalorizar al otro y/o de sentir aversión. Se menosprecia a la pareja tanto verbalmente como no verbal, lo que incluye el uso de sarcasmo y bromas, hacer caras. La forma más evidente consiste en la ridiculización mediante la burla remedando y en el insulto directo («eres una cualquiera», «eres un imbécil»), aunque el lenguaje corporal puede reflejar grados aún peores de menosprecio. Similar al odio, el desprecio puede relacionarse con la indignación y la amargura, creciendo a medida que se va almacenando y alimentando durante largo tiempo pensamientos negativos con relación a la pareja. Además del rencor, el desprecio  también coloca en una posición de superioridad, como respuesta defensiva, donde se mira al otro minimizándolo, devaluándolo y considerándolo indigno, ante la impotencia de manejar la situación.

Estos cuatro tipos de comunicación se van desarrollando desde los inicios de la relación, agudizándose en períodos más vulnerables y cada una de estos tipos sienta las bases para la siguiente, siendo el desprecio el más destructivo de todos. Se tratan de factores que actúan como causa-efecto y que, en el fondo, implican que se ha desarrollado una dinámica de culpabilidad en contra del otro y lo que se le transmite es una sensación de rechazo, lo cual atenta contra la necesidad básica de sentirnos aprobados, aceptados y valorados por nuestra pareja. Si bien en ciertos momentos casi todos podemos habernos sentido rechazados y podemos haber incurrido ocasionalmente en algunos de ellos, la forma como se maneje esta situación determinará el nivel de daño que puede ocasionar.

En otras palabras, las diferencias y las discusiones no son malas en sí mismas y dentro de una relación nos deberíamos sentir lo suficientemente seguros como para discutir o quejarse abiertamente. No obstante, si no nos sentimos escuchados ni considerados, algo que partió como una queja concreta puede transformarse en un ataque, en una descalificación o lo que es peor en una actitud de desprecio. Pero una pareja estará en riesgo de divorcio solamente cuando se recurre constantemente a dichas formas de comunicación y si predominan, si no se logra manejar el enojo sin menospreciar al otro o  no se intentan acciones reparatorias. Y ante esta situación es aconsejable el pedir ayuda a un especialista que guíe a la pareja para que rompa esta espiral de destrucción en la que se encuentran atrapados.

 
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Psic. Marcela Cervantes Chávez

Psicoterapeuta de CAPI

Estudió en la Facultad de Psicología de la UNAM. Es pasante de Maestría en Psicoterapia de pareja y familia, en Instituto de Terapia Familiar, CENCALLI. Cuenta con diplomado en Trastornos de la Alimentación cursado en Monte Fénix y una Certificación nivel II en Psicoterapia asistida por equinos, avalado por EAGALA. Cursó un Diplomado en Enfermedades Psicosomáticas, en el Circulo Psicoanalítico, así como un Diplomado en Nutrición Biodirigida y otro en Homeopatía, ambos avalados por la Escuela Latinoamericana de Educación en Salud Integrativa.
Tiene experiencia laboral por más de 11 años como psicoterapeuta. Es psicoterapeuta de pareja y familia desde hace más de 5 años en el Centro de Atención Psicológica Integral, CAPI.

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