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La crisis de la adolescencia o un adolescente en crisis


amigos felices

En la escuela como en el consultorio la queja común de los padres de hijos adolescentes se repite de manera constante, con sus variantes familiares. Este integrante de la familia que en su momento fue un infante cariñoso, obediente y en ocasiones servicial se ha convertido en un completo extraño. Nuestro hijo ha llegado a esa etapa de la vida que conocemos como adolescencia, ahora es un individuo que expresa sus opiniones con vehemencia, suele rebelarse ante los deseos de los padres y en ocasiones comente algunas conductas de riesgo como el consumo sustancias, salirse de clases, no llegar a la hora señalada, etc.

No obstante, la comprensible preocupación de los padres se sabe que la adolescencia es una etapa normal del desarrollo en la que no sólo ocurren cambios específicos de la sexualidad humana, sino que además se viven una serie de duelos por la pérdida del mundo infantil que provocan una serie de conductas dirigidas hacia la independencia y la autoafirmación. Algunos autores como Anna Freud[1], consideran a la adolescencia como una etapa de crisis necesaria puesto que desempeña un papel de “organizadora” de la nueva personalidad.

En su gran mayoría los adolescentes son jóvenes con buena salud que atravesarán su adolescencia de manera moderadamente conflictiva, ésta se disipará sin la necesidad de recurrir a un terapeuta. La mejor respuesta como padres es saber esperar, lo mejor que podamos, el “fin de la tormenta”; el fin normal de esta crisis dependerá en gran medida de la inteligencia, de la serenidad y, en una palabra, del nivel de tolerancia de los padres. Todo estriba en lo siguiente: aceptar que nuestro hijo real quizá no sea el hijo que hemos soñado.

Ahora bien, se distingue a la “crisis de la adolescencia” del “adolescente en crisis”. La crisis de la adolescencia, como ya se había mencionado, designa el período intermedio de la vida en el que la infancia no ha terminado de apagarse y la madurez no ha terminado de surgir, mientras que un adolescente en situación de crisis aguda es un joven cuyo comportamiento, que ya era agresivo o adictivo, súbitamente se convierte en inmanejable para su familia.

En estos casos es en donde nos encontramos diferentes comportamientos peligrosos que son interpretados como pasajes al acto de un sufrimiento interno del que el joven no tiene conciencia.

El joven no siempre sabe lo que siente y si lo sabe, no llega a verbalizarlo.

Cuando este sentimiento mudo es muy intenso se exterioriza a través de los comportamientos riesgosos, impulsivos y repetitivos.

En el momento de cometer el acto, el joven no siente nada, ni dolor, ni miedo, ni culpabilidad; está como anestesiado, fuera de sí y muchas veces animado por un sentimiento de omnipotencia e invulnerabilidad. El adolescente muchas veces corre riesgos para ponerse a prueba y auto-afirmarse. Algunas de las conductas de riesgo que puede adoptar son: comportamiento depresivo, aislamiento, intentos de suicidio, poliadicción (adicción a varias sustancias), exceso de alcohol, anorexia y bulimia, deserción escolar, ausentismo, etc.

Estos comportamientos que demuestran crueldad contra uno mismo o contra los otros encubren muy a menudo una depresión muy particular que no se manifiesta por medio del abatimiento y tristeza. Por ende, ante un joven violento, pregúntese cuál es la decepción que, en lugar de ponerlo francamente triste, generó su odio.

Saber distinguir la crisis de la adolescencia normal y el comportamiento peligroso de un adolescente en crisis requiere de toda nuestra pericia y atención. Algunos indicios pueden ser: notar cambios abruptos en la conducta o en la salud del adolescente (bajar o subir súbitamente de peso, por ejemplo), no tener noticia del adolescente por periodos prolongados en varias ocasiones, notar golpes o lesiones que no tienen explicación, entre otros.

También es importante tener contacto con las autoridades escolares que puedan darnos un panorama más amplio de las conductas de nuestros hijos. Cabe mencionar que observar a nuestros hijos no significa ser espías ni irrumpir de manera violenta en sus vidas, así mismo identificar sus debilidades implica ser lo suficientemente humildes para aceptar las nuestras.

Bibliografía:

  • Fize, M., (2007), Los adolescentes.
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