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Manejo de emociones


mujer furiosa

Varias son las ocasiones donde nos encontramos molestos, frustrados, enojados, tristes, decepcionados, etc. En éstas ocasiones tendemos a responder de diferentes maneras, desde estar más callado de lo normal o viceversa, mostrarnos ansiosos, comer más de lo normal, gritar, sudar, apartarnos de los demás o hacer que se aparten de nosotros, etc.

Existen muchísimas formas distintas para reaccionar ante un malestar o varios malestares que a fin de cuentas se traducen en sentirnos sobrecargados.

Es muy importante saber poner el término adecuado a nuestra sensación, para poder poner nombre a nuestra emoción y saber lidiar con ésta.

Tendemos a expresar nuestro malestar contando lo que pasó en el día: si hizo calor, si se portaron groseros con nosotros, si el tráfico es intolerable en ésta ciudad; y pocas son las veces que complementamos con nuestras sensaciones o con nuestras emociones al respecto de la dificultad que se nos presentó. No podemos controlar la cantidad de tráfico, pero si la forma en que reaccionamos ante las dificultades.

La situación puede cambiar cuando podemos contarnos a nosotros mismos en nuestro “dialogo interior” lo que está sucediendo, lo que estamos sintiendo a nivel físico y lo que sentimos a nivel emocional.  En situaciones difíciles es común actuar en vez de reflexionar, podemos tocar el claxon, acelerar y decir de malas palabras;  en vez de reflexionar algo como: creo que me estoy sintiendo sofocado, acalorado, encerrado, preocupado por llegar tarde, sobrepasado de trabajo y compromisos, etc. y  continuar con… esto en verdad me hace enojar,  me molesta, creo que no lo lograré y eso me frustraría mis planes.

Una vez nombrando nuestras sensaciones y emociones, podemos tener una reacción ante ellas que nos sea más útil y llegar a conclusiones un poco más reales. Nuestro pensamiento mágico puede ser tan creativo que podemos llegar a pensar en pasar volando encima de los coches, salir del coche corriendo y llegar más rápido como Superman, o tan simple como que tocando el claxon, los demás comprenderán que tenemos prisa, se quitaran del paso y aprenderán a manejar civilizadamente.

Estos pensamientos mágicos surgen cuando no estamos aterrizados en nuestro problema real que radica en lo que estamos sintiendo,  lo que estamos pensando y en cómo estamos reaccionando.  Por lo que evidentemente no nos llevan a una solución útil, concreta y sobretodo real.

Si conocemos la emoción que estamos experimentando a partir de nuestras sensaciones corporales, es fácil empezar a solucionar. Por ejemplo tal vez no podamos salir corriendo pero si podemos abrir la ventana para sentir que respiramos un poco, destensar el cuerpo, cerrar un momento los ojos y pensar qué podemos hacer con nuestra emoción, después con el problema.

Es muy importante considerar que estos momentos de fuertes y emociones intensas  SON PASAJERAS. Comúnmente se percibe que nuestras desgracias no tienen solución, que nos sentiremos así por siempre o que se derrumban nuestros planes. Esto también es una trampa de nuestro pensamiento mágico y de nuestro nivel de estrés. Por lo que se sugiere tener como recordatorio a la mano, en el celular, en la agenda, etc., la frase: “Esto pasará, no será para siempre, todo tiene solución”. Se puede continuar la frase con… “Tal vez por el momento no tengo la solución,  ahora me siento enojado, estresado y con hambre, ¿qué puedo solucionar primero?”

Es de gran ayuda sentir que podemos resolver algo de una situación que nos parece tremendamente problemática. Aunque parezca absurdo, solucionar por ejemplo, alguna incomodidad física (hambre, frío, sed, calor, dolor de garganta, de estómago, etc.), nos hace sentir mejor y nos regresa la sensación de sentirnos empoderados, por lo menos de nosotros mismos, no de la situación entera y eso es suficiente para comenzar a tomar decisiones.

Uno de los primeros pasos es tener una lista de emociones que nos ayuden a nombrar lo que sentimos, a ponerle un sentido, llevarlo a la razón y saber que si existe esa palabra, es porque no somos los únicos que nos hemos sentido así en la tierra. A continuación, dejo una lista de algunas emociones que recurrentemente sentimos.

  • Ansia
  • Deseo
  • Afán
  • Capricho
  • Ternura
  • Ánimo
  • Miedo
  • Asco
  • Euforia
  • Debilidad
  • Inseguridad
  • Desánimo
  • Impaciencia
  • Desgano
  • Confusión
  • Tranquilidad
  • Seguridad
  • Ira
  • Aburrimiento
  • Furia
  • Rencor
  • Culpa
  • Susto
  • Sorpresa
  • Esperanza
  • Desamparo
  • Confianza

Si detectas que fácilmente recaes en una emoción, trata de llamarle de diferentes maneras, de ubicar tu sensación corporal e identificar los pensamientos mágicos que vienen a tu mente. Has el ejercicio de reaccionar de manera distinta a como comúnmente lo haces y observa el resultado. Si crees que requieres de cierto apoyo, trata de hacer notas, cuando te sientas tranquilo(a) nuevamente, anota qué es lo que pudiste hacer diferente y la siguiente vez que suceda recurre a tus notas antes de reaccionar. Un apoyo importante puede ser el de un especialista en manejo de emociones. Recuerda que siempre hay una solución, simplemente llega el momento adecuado para vislumbrarla.

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CAPI. Clínica de Atención Psicológica Integral

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