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Las ventajas de acudir a una terapia de pareja en el noviazgo, antes de la boda


novios en la playa

A lo largo de mi experiencia en terapia familiar me he dado cuenta que la mayoría de los problemas de las parejas que acuden a terapia tienen que ver con diferencias o conflictos relacionados con su relación y que han existido desde el inicio de la misma, es decir desde el noviazgo.

A qué me refiero con esto, por lo general los problemas más graves que tiene una pareja son: celos, infidelidad, violencia, resultado de la acumulación y no resolución de las pequeñas diferencias o los pequeños conflictos que iniciaron desde el noviazgo y se fueron agravando con el paso del tiempo y la misma evolución de la pareja.

Cuando las parejas llegan a terapia, por lo general llegan ya con toda una historia de acontecimientos, pensamientos reales y no reales que solo crean resentimientos y sobre todo, dolor, lo que crea una situación mucho más compleja y difícil de manejar; lo que empeora el pronóstico del arreglo en la pareja, porque las matemáticas no mienten, entre más dolor y más resentimientos menos posibilidad de rescatar al amor; y si a eso le sumamos una variable más a está formula: el tiempo, peor aún.

Ante los desacuerdos y las primeras desilusiones que sufre una persona en los inicios de una relación, surgen los primeros disgustos y enojos para con él o ella, sin embargo como no se pueden enojar o disgustar en un principio con él o ella, debido a que estan en la etapa de la conquista, se buscan temas que justifiquen ese enojo o la desilusión, y que no tengan que ver con la persona amada, como lo es el dinero, la familia de origen, el trabajo del otro, las amistades, etc. Se crea la fantasía de “Los otros son los culpables de que tú no cumplas con mis expectativas”. Es un no querer ver que es la personalidad, las características, las creencias, los valores, los hábitos, las costumbres del ser amado, las que no coinciden con lo que yo espero.

La mayoría de las veces en el noviazgo, las mujeres y también los hombres en algunas ocasiones, llegan a pensar que una vez casados harán cambiar “esas cosas que no me gustan”, que no son más que hábitos, y que ya casados lo podrán convertir en ese príncipe azul que tanto han soñado o aquella mujercita linda. La mala noticia es que eso nunca sucede.

De hecho entre más altas son las expectativas que se tiene sobre una persona, más se sufre, ya que por lo general son casi imposibles de cumplir por cualquier ser humano.

Lo que complica y lo que hace las expectativas tan importantes es que depositamos nuestra propia felicidad en los actos de una persona y si cumple nuestras expectativas “somos felices” pero si no las cumple “nos mete en conflicto”. Debido que la mayor parte de las veces, somos incapaces de hacernos responsables de nuestros propios actos y de asumir las consecuencias de los mismos.
Una de las conductas más comunes es “culpar al otro”, esto es, al parecer ninguno de los dos tendría algún problema si el otro no existiera o fuera de tal manera y el otro no tendría algún problema si no fuera culpado por el otro. Ello resulta una paradoja y además se vuelve un hábito de relacionarse y una lucha eterna por cambiar al otro y hacer que se comporte como yo quiero, según mis expectativas.

No hay que olvidar que esto comienza en el noviazgo y se va agudizando a lo largo del tiempo. Y sin la ayuda de un profesional, los conflictos emergentes se van sobrellevando sin solucionarse con éxito.
Para una solución eficiente, ya que son momentos con una alta carga emocional, es necesario que sean liberados en un terreno neutro: el consultorio, ante una persona neutral: el psicoterapeuta, que guíe la liberación emocional y que ayude a que cada miembro de la pareja se responsabilice de sus propios actos, deseos, y lo más importante, asumir sus diferencias, en vez de que salgan con reclamos, insultos, reproches que en vez de ayudar empeoran la situación.
Esto es necesario por muchas razones: cada uno tiene una historia de vida propia, tenemos puntos de vista diferentes debidos a la cultura y al género de pertenencia, la educación, el ambiente, la influencia de la familia, los compañeros o amigos, la religión, la posición económica, los valores sociales de cada uno, las experiencia de vida y más.

Al reconocer las diferencias se tienen que soltar las expectativas y por lo tanto, la responsabilidad del otro de que me haga feliz.

Abriendo la posibilidad de que cada uno de ellos pueda aceptar y considerar que existen muchas más posibilidades de solución, de relacionarse y de demostrar el afecto, que las consideradas por cada uno, se aprende cómo construir a pesar del conflicto y se brinda una nueva posibilidad de relación de pareja.

Y si eso se logra desde el inicio de la relación, es decir, en el noviazgo, será mucho mejor; ya que se evitará mucho dolor a futuro. El conocimiento de la pareja antes del matrimonio o el compromiso de la vida en común, permiten visualizar, algunas posibles dificultades, que pueden terminar en la ruptura de la relación.

El que las parejas de novios acudan a una asesoría profesional se da normalmente porque se dan cuenta de situaciones complicadas que están viviendo y de que las quieren evitar en un futuro. Esto es lo más sano.

Una de las ventajas de las parejas de novios que se asesoran es que no permiten que se acumulen culpas y resentimientos o algún otro sentimiento negativo para la relación, una vez ya en terapia, se revisan las expectativas que tienen de su pareja, los estilos personales de comunicación, las creencias, los hábitos, los valores y la motivación que tienen al compromiso. Otra ventaja es que no permiten que los conflictos se hagan viejos, también permite que  encuentren la forma de expresar cosas que se les dificultan o que no saben como comunicárselas a su pareja y que de otra manera quizá serían muy difíciles de expresar, esto además se convierte en un aprendizaje y se vuelve una forma de comunicación para el futuro.

Por eso es muy conveniente acudir desde el inicio o desde la primera señal de incomodidad con la pareja con un especialista para que los ayuden y así evitar muchos conflictos a futuro, pero sobre todo, evitar mucho dolor. En la actualidad el tratamiento sugerido es la Terapia de Pareja, apoyada y/o alternada con Talleres, conferencias, pláticas y libros afines a dicha temática.

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Psic. Marcela Cervantes Chávez

Psicoterapeuta de CAPI

Estudió en la Facultad de Psicología de la UNAM. Es pasante de Maestría en Psicoterapia de pareja y familia, en Instituto de Terapia Familiar, CENCALLI. Cuenta con diplomado en Trastornos de la Alimentación cursado en Monte Fénix y una Certificación nivel II en Psicoterapia asistida por equinos, avalado por EAGALA. Cursó un Diplomado en Enfermedades Psicosomáticas, en el Circulo Psicoanalítico, así como un Diplomado en Nutrición Biodirigida y otro en Homeopatía, ambos avalados por la Escuela Latinoamericana de Educación en Salud Integrativa.
Tiene experiencia laboral por más de 11 años como psicoterapeuta. Es psicoterapeuta de pareja y familia desde hace más de 5 años en el Centro de Atención Psicológica Integral, CAPI.

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